I masnadieri

Giuseppe Verdi

6, 9, 12, 15, 17 febrero 2019

 
Sala Principal

Melodrama en cuatro actos. Música de Giuseppe Verdi. Libreto de Andrea Maffei, basado en Die Räuber, de Friedrich Schiller. Estreno: Londres. Her Majesty’s Theatre, 22 julio 1847.


 

 

 

 

 

Dirección musical
Roberto Abbado

Dirección de escena
Gabriele Lavia

Coproducción
Teatro San Carlo di Napoli
Teatro La Fenice di Venezia

Carlo
Fabio Sartori
Dominick Chenes
(15)

Amalia
Roberta Mantegna

Francesco
Artur Ruciński

Massimiliano
Michele Pertusi

Moser
Gabriele Sagona

I masnadieri, la soledad del bandido.

Giuseppe Verdi iniciaba en 1847, fecha de estreno de I masnadieri, su fructífera colaboración con uno de los pensadores más importantes del Siglo de las Luces: Friedrich von Schiller. Sería ésta una relación intelectual en diferido -pues su existencia no les dio oportunidad de convivir en el tiempo- completada posteriormente con dos reconocidas obras maestras del compositor: Luisa Miller y Don Carlo.

Ópera basada muy de cerca en Die Räuber, la primera obra teatral de su autor, estos Bandidos verdianos se sitúan a caballo entre el Sturm und Drang -el ímpetu y la tempestad- y el Romanticismo primigenio, de los que toma y desarrolla un marcado sentido de la melancolía, un rítmico y vigoroso ímpetu, el idealismo del joven filósofo y el ansia de libertad del mismo Verdi del Risorgimento, sentimientos todos sobre los cuales domina una inevitable y musical soledad. La soledad del bandido.

Acto I

Alemania. Principios del siglo XVIII. En una taberna a las afueras de Sajonia, Carlo espera carta de respuesta de su padre, Massimiliano, Conde de Moor, a quien ha pedido perdón desde el destierro al que él le confinó por su inadecuada conducta durante su etapa de estudiante. Ahora malvive junto a un grupo de bandidos del que desea desprenderse cuanto antes. Su hermano Francesco, dispuesto a hacerse con el control del castillo, contesta a la misiva en nombre de su padre sin que éste lo sepa, con la negación del perdón a Carlo y la amenaza de encarcelarlo si regresa. Furioso, Carlo acepta mediante juramento ser el líder de los bandidos. Mientras, en el castillo, Francesco obliga a Arminio, chambelán del conde, a hacerse pasar por un amigo de Carlo para que comunique al anciano Massimiliano la falsa noticia de que su hijo exiliado falleció en combate y pidió como última voluntad que su prometida Amalia, que vela por la delicada salud del conde en el castillo, se case con Francesco. Abatido por los acontecimientos, Massimiliano cae muerto ante el horror de Amalia y la satisfacción de Francesco.

Acto II

Amalia reza ante la tumba de Massimiliano, cuando Arminio le revela que tanto Carlo como su padre siguen vivos. Llega Francesco, extrañado de que Amalia no estuviera en la celebración de su toma de posesión del castillo, y le declara su amor. Al ser rechazado por ella, la amenaza con violencia, pero Amalia reacciona y logra escapar refugiándose en el bosque.

Por su parte, Carlo, que lidera el plan para salvar de la horca a Rolla, uno de los bandidos, incendia junto a éstos la ciudad para lograr liberar al prisionero. Poco después los bandidos advierten que su campamento ha sido rodeado, por lo que se disponen a combatir.

Acto III

Amalia y Carlo se encuentran repentinamente en el bosque y se ponen al día de los acontecimientos vividos, aunque él oculta su vínculo con los bandidos. Incluso piensa en suicidarse, avergonzado de su situación, cuando medita a solas. La presencia de un extraño (Arminio) que sale de una torre en ruinas próxima, interrumpe su quietud. Carlo accede al lugar y allí encuentra preso a su padre. Massimiliano, en estado de salud preocupante, narra cómo su hijo Francesco lo encerró allí cuando descubrió que su muerte en verdad había sido un desmayo. Enfurecido, Carlo jura venganza con la ayuda de los bandidos.

Acto IV

Francesco, atemorizado por las pesadillas que sufre cada noche, ordena llamar al sacerdote Moser, quien intenta convencerlo, sin éxito, de que se arrepienta de sus malas acciones. Un grupo de jinetes comienza a atacar el castillo. Mientras, en el bosque, Massimiliano perdona a Carlo y expresa su temor por el destino de su otro hijo, a pesar del mal que éste le ha causado. En ese momento regresan los bandidos, que comunican a Carlo que Francesco se les ha escapado cuando lo traían preso al campamento, aunque a cambio presentan como botín a Amalia. Ella reconoce a Massimiliano nada más verlo, lo que evidencia ante los presentes el parentesco que une a Carlo, Amalia y Massimiliano. Desesperado, Carlo confiesa su pertenencia a los bandidos. Amalia le jura igualmente fidelidad y le dice que permanecerá siempre junto a él. Pero los bandidos recuerdan a Carlo el juramento que hizo, al tiempo que Amalia manifiesta que antes prefiere morir que vivir entre proscritos. Ante la insistencia de los bandidos y preso de la desesperación, Carlo apuñala a Amalia y se entrega a las autoridades.