Henrik Nánási ensaya El castillo del duque Barbazul, de Bartók, en el Palau de les Arts - Les Arts

Henrik Nánási ensaya El castillo del duque Barbazul, de Bartók, en el Palau de les Arts

– Davide Livermore propone un espacio escénico con videoproyecciones de Miguel Bosch para esta ópera en concierto
– El bajo húngaro Gábor Bretz y la mezzosoprano rusa Elena Zhidkova interpretan al duque Barbazul y Judit
– El programa incluye, además, Divertimento para orquesta de cuerda, de Bartók

       Valencia. El director Henrik Nánási se encuentra en Valencia inmerso en los ensayos de El castillo del duque Barbazul, de Bartók, obra con la que inaugura el viernes, 7 de noviembre, la temporada de conciertos del Palau de les Arts Reina Sofía.

El maestro Nánási debuta al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana con este monográfico de Béla Bartók, que incluye también la obra Divertimento para orquesta de cuerda.

El Palau de les Arts Reina Sofía ha preparado un espectáculo audiovisual para El castillo del duque Barbazul, que se presenta en una idea escénica de Davide Livermore con videoproyecciones de Miguel Bosch. La propuesta de ambos entrelaza el simbolismo pictórico de Gustav Klimt con la concepción metafórica de ‘Barbazul’ de Bartók.

El húngaro Henrik Nánási (Pécs, 1975) es actualmente director musical de la Komische Oper de Berlín. Su amplio repertorio incluye obras de Donizetti, Mozart, Puccini, Rossini y Verdi, así como de Chaikovski, Dvořák, Offenbach, Prokófiev y Richard Strauss. Considerado una de las jóvenes batutas con mayor proyección en Europa, ha sido director invitado en la Arena de Verona, Bayerische Staatsoper, Covent Garden, Ópera de Fráncfort, Semperoper de Dresde y Staatsoper de Hamburgo.

En el ámbito del concierto ha dirigido a la Bruckner Orchester de Linz, Neue Philharmonie Westfalen, Radio-Symphonieorchester de Viena, Sinfonieorchester St. Gallen y las orquestas del Maggio Musicale Fiorentino, Ópera de Tolón y Teatro San Carlo de Nápoles.

Elena Zhidkova interpreta el papel de Judit. La mezzosoprano petersburguesa debutó en la Deutsche Oper de Berlín. Ha cantado en Bayreuth (Flosshilde y Schwertleite), Dresde (Venus), Leipzig (Adriano en Rienzi), Madrid (Waltraute y Brangäne) y Tokio (Dorabella, Oktavian y Fricka).

Tras debutar con gran éxito Judit de El castillo del duque Barbazul en la Scala, volvió a encarnar a este personaje en Ámsterdam, Saito Kinen Festival con Seiji Ozawa, Londres con Valeri Guérguiev (publicada en cedé) y en el Teatro Marinski. En concierto ha sido dirigida por Claudio Abbado, Christoph von Dohnányi, Daniel Harding y Valeri Guérguiev.

El bajo húngaro Gábor Bretz encarna a Barbazul. Natural de Budapest, en 2005 ganó el concurso Maria Callas. Ha interpretado, entre otros, los papeles de Mefistofele, Figaro, Leporello, Don Giovanni, Banquo y Landgraf, Don Basilio, Escamillo y, en numerosas ocasiones, Barbazul, con orquestas como la Filarmónica de Helsinki, Bayerische Rundfunk o la Filarmónica de Nueva York, junto a batutas como las de Daniel Barenboim, Gustavo Dudamel, Adam Fischer, Daniele Gatti, Valeri Guérguiev, Daniel Harding y Esa-Pekka Salonen.

El castillo del duque Barbazul

El castillo del duque Barbazul es la única ópera que compuso Béla Bartók. El libreto es obra del poeta Béla Balázs, basado en el cuento La Barbe-Bleue de Charles Perrault. Bartók cosechó un gran éxito en el estreno de esta obra el 24 de mayo de 1918 en Budapest.

El narrador del breve prólogo que precede a la ópera anuncia al público que la historia que va a presenciar le adentrará en un mundo onírico que invita a reflexionar sobre los sentimientos del ser humano. Su misteriosa voz se disuelve en la oscuridad reinante en el escenario. Inmediatamente se vislumbra la silueta del duque Barbazul, acompañado por su flamante esposa Judit, a quien muestra el gran salón de su castillo. La muchacha, enamorada de Barbazul, no tarda en sentirse rodeada por un halo de frialdad y tenebrismo. Él le pregunta reiteradas veces si siente miedo, a lo que ella tan sólo contesta que traerá la luz al castillo.

Siete grandes puertas cerradas atraen la curiosidad de Judit, quien suplica a su esposo que las abra como prueba de su amor. Éste, hechizado por el amor apasionado que le profesa la joven, le da la llave de la primera puerta. Tras ella, Judit descubre la cámara de torturas del duque, donde nace la luz del amanecer. Poco después observa cómo la sangre tiñe las paredes del lugar, pese a lo cual piensa que si abre todas las puertas la luz volverá al castillo.

Judit accede a las sucesivas estancias franqueadas por las puertas: en la segunda descubre la armería de Barbazul; la tercera esconde los tesoros y joyas de su esposo; la cuarta un jardín encantado; en la quinta se divisan los inmensos dominios del duque, mientras que la sexta oculta un lago de lágrimas. Barbazul, embriagado, la abraza y le dice que la séptima puerta debe permanecer cerrada siempre. Pero Judit, que en todas las estancias anteriores ha visto sangre, exige conocer los secretos que esconde su amado. Detrás de la séptima puerta aparecen las tres primeras esposas del duque, que encarnan, respectivamente, a la mañana, el mediodía y la tarde. Judit pasa a reunirse con ellas como representación de la noche. El castillo de Barbazul se sume en la oscuridad.

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