Philemon und Baucis

Franz Joseph Haydn

8, 11*, 12, 15 / I / 2017

* Función Didáctica
Teatre Martín i Soler

Una deliciosa forma de integrar el lenguaje del clasicismo musical vienés y la tradición secular del espectáculo de títeres en Europa.


Duración aproximada: 57m

Dirección musical: Fabio Biondi

Representación con marionetas a cargo de Carlo Colla e Figli

Philemon
Moisés Marín

Baucis
Rita Marques (8, 11)
Olga Zharikova (12, 15)

Aret
Andrés Sulbarán

Narcissa
Karen Gardeazabal

Cantantes del Centre Plácido Domingo

Una terrible tempestad azota una aldea de Frigia. Es la ira de Júpiter, que cruza los cielos en su carro, y derrama sobre esas tierras pobladas por inicuos sus rayos de fuego. Filemón y Baucis, dos venerables ancianos de dicha aldea, imploran a las divinas alturas que cese la terrible tormenta y su fervor bondadoso parece calmar el huracán. Justo cuando el cielo recupera la calma en forma de atardecer maravilloso, aparecen Júpiter y Mercurio, disfrazados de peregrinos, con el firme propósito de poner a prueba la bondad sin fin de la pareja de viejos orantes. Acuden a la puerta de la humildísima choza y les solicitan refugio. Júpiter ha decidido, además, reparar el daño que no hace mucho les causó, cuando mató al hijo de los ancianos y a la esposa de éste con uno de sus poderosos rayos.

La amarga tristeza que reina en el corazón de los ancianos no ha restado un ápice de bondad a sus cansados corazones. El matrimonio abre sus puertas a los misteriosos peregrinos y comparte sus míseras pertenencias con la pareja de dioses disfrazados. Los ancianos frigios les entregan una pobre cena y un duro jergón, mientras les confiesan la causa de su profundo anhelo de muerte: sólo quieren reunirse con su amado hijo y su esposa, que fueron fulminados por un misterioso haz de luz en el bosque. Sus cenizas, que reposan en dos urnas de barro, son custodiadas y veneradas en el seno de su hogar.

Tan extrema es su pobreza, que sólo poseen dos cosas más y ninguna la guardan para ellos: un pato para ofrendarlo a Júpiter y una vaca preñada, cuyo ternero será sacrificado en el altar de los dioses.

Júpiter, conmovido por la piedad de estos ancianos, decide premiarles con un don a la altura de sus méritos y resucita al hijo muerto, Aretes, y a la esposa de éste, Narcisa, que de repente se descubren vivos ante la puerta de la cabaña. Desconcertados como están, pues confunden su nueva vida con el instante en que murieron, son descubiertos por los ancianos, atónitos. Una vez que han salido de su estupor, relatan a la joven pareja cómo fue su muerte y dónde guardan las urnas que contienen sus restos, pero ya no las encuentran. Filemón comprende que todo ha sido obra del cielo, que se ha apiadado de sus males y se ha enternecido por su bondad.

Un trueno provoca entonces una nube y, sobre ésta, se ve a Júpiter y a Mercurio ya en su forma divina y sin su disfraz de peregrinos. El dios padre quiere aún recompensar al matrimonio con la concesión de otro deseo, pero los ancianos sólo reclaman que su humilde choza se convierta en un digno templo donde se honre a los dioses del Olimpo. La cabaña se transforma entre truenos y relámpagos en un magnífico templo. La estatua dorada de Júpiter resplandece en medio. Las ropas de Filemón y Baucis se transforman en hábitos sacerdotales y aparecen algunos sacerdotes y sacerdotisas. Ante el estupor de los vecinos de la aldea, Júpiter declara la iniquidad de aquellas gentes, salvadas por la bondad de los ancianos, y con el sonido de una marcha triunfal acompañada por el coro, Júpiter y Mercurio ascienden solemnemente al cielo.

La sencilla trama que articula esta deliciosa obra de Franz Joseph Haydn nos adentra en el poco conocido repertorio lírico para teatro de marionetas, un género nacido en la Italia del Renacimiento tardío que se hizo tremendamente popular en el Imperio austrohúngaro, a donde llegó vía Venecia en el siglo XVII.

La ópera para marionetas gozaba de larga popularidad ya en 1773, año en el que se estrena esta ópera Singspiel de argumento moralizante y mitológico. El texto de Philip Georg Bader y Gottlieb Konrad Pfeffel no desarrolla una trama para niños, sino que se sirve de una de Las Metamorfosis del poeta romano Ovidio, en la que se narra la conversión en árboles inmortales de un matrimonio de ancianos incondicionalmente fieles a Júpiter, dios de dioses.

Los libretistas y Haydn, artista de la corte del príncipe Esterhazy, componen este Philemon und Baucis a mayor gloria de la emperatriz María Teresa de Austria. En la ópera, ofrecerán una versión transformada del mito ovidiano con un mensaje profundamente moralizante: la loa al orden social del Antiguo Régimen, sistema que se enfrentaba a su brusco final con la Revolución Francesa en 1789. En efecto, poco se cuestiona la caprichosa muerte de un súbdito a manos de un soberano (en la ópera, un dios), pero mucho se alaba la no menos caprichosa compensación ofrecida por éste a la familia de la víctima tras un sentido acto de sumisión de los siervos a su soberano.

Ópera para marionetas, un complicado ejercicio teatral originalmente al servicio de la imagen del poder, en el que se riza el rizo del espectáculo operístico convencional, añadiendo a los operadores de las marionetas y a los actores para recitar los textos hablados.

Philemon und Baucis es, fundamentalmente, una buena y amable excusa para disfrutar de la música de Haydn, tan generosa en la expresión del sentimiento sencillo y humano como en la descripción de los elementos de la naturaleza tan en boga en el Siglo de las Luces y el Sturm und Drang.

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