Homenaje
a Antonio Ruiz Soler

El sombrero de tres picos

Manuel de Falla

21, 22, 23, 24 / IV / 2017

 
Sala Principal

En 2016, con motivo del 20 aniversario del fallecimiento de una de las grandes figuras de la Danza Española, el Director del BNE Antonio Najarro, diseñó un espectáculo-homenaje a Antonio Ruiz Soler “Antonio el Bailarín” en el que se repusieron varias de sus coreografías más emblemáticas.


En este espectáculo se puso especial interés en recuperar los telones y escenografías originales. Para llevar a cabo dicha recuperación, fue fundamental la labor de documentación que permitió reproducir con detalle los decorados y trajes de las distintas coreografías. Obras de arte, que siempre identificaron la creatividad y puesta en escena de Antonio.


Duración aproximada: 2 h

Coreografías de Antonio Ruiz Soler,
“Antonio El bailarín”

Eritaña, de Albéniz
Zapateado, de Sarasate
La Taberna del Toro (Taranto), popular
Fantasía Galaica, de E. Halffter
El sombrero de tres picos, de Falla

Ballet Nacional de España
Antonio Najarro director artístico
Orquestra de la Comunitat Valenciana
Álvaro Albiach director

ERITAÑA

Isaac Albéniz compuso la suite Iberia en el final de su vida, entre 1905 y 1909. Eritaña forma parte del Cuaderno nº 4 y se estrenó el 9 de febrero de 1909, en París, tres meses antes de su fallecimiento. Su fuente de inspiración son las sevillanas y su nombre procede de la famosa venta que estuvo junto al Parque de María Luisa, en Sevilla. Incluido en el programa Homenaje a Albéniz, creado por Antonio en 1960 para el Teatre del Liceu de Barcelona, y dentro de la coreografía llamada Suite Iberia, Eritaña se nutre de los pasos de las sevillanas boleras y su forma de ejecución durante el XIX. Es imprescindible recordar las palabras que le dedicó Claude Debussy a la obra de Albéniz -“nunca la música ha alcanzado expresiones tan diversas; los ojos se cierran como fatigados de haber contemplado tantas imágenes”-, ya que puede extenderse a la coreografía diseñada por Antonio, donde la dificultad técnica de sus variaciones aporta todavía más brillantez a las notas del compositor. En ella encontramos todos los elementos necesarios para que su traducción al baile español sea absolutamente natural. Son pocos minutos, se hacen muy cortos, pero Eritaña es una de las obras imprescindibles para entender la danza española en su camino hacia la excelencia por medio de la estilización coreográfica.


ZAPATEADO SARASATE

Se cumplen setenta años desde que Antonio estrenara su versión de Zapateado, de Pablo Sarasate, su solo, sin duda, más emblemático. La partitura del compositor navarro es una delicia, pero la interpretación que hizo Antonio, dándole todos los matices que pide la partitura,  elevó su prestigio más aún. “Era como una sinfonía de Beethoven, in crescendo, desde el piano hasta el fuerte”, escribieron de él, y Antonio explicaba en nuestra entrevista de 1989, que, bailándolo, “acariciaba el suelo; hay que hablar con los pies, no dar patadas”. Pueden admirar a nuestro protagonista interpretándolo en la película Luna de miel, donde se utiliza, además, como elemento narrativo haciendo avanzar la acción, realizándolo Antonio por una carretera, con el sonido, por supuesto, doblado. En las últimas décadas, lo han bailado primeros bailarines de las compañías que contaron con el arte de Antonio, pues es pieza de repertorio que va pasando de generación en generación, como debe ser con las obras clásicas.


TARANTO (DE LA TABERNA DEL TORO: ESTAMPA FLAMENCA)

En la mencionada película y, tras bailar Zapateado, Antonio es recogido por la pareja protagonista -ella es la bailarina clásica Ludmilla Tcherina- y les dice que pueden parar a desayunar en La taberna del toro. Allí, entre otros paisanos, hay una chiquilla pizpireta, interpretada por la primera bailarina de su compañía, Carmen Rojas. Tras interpretar el Tango de Juana Vargas La Macarrona durante unos instantes, Antonio le pregunta a la jovencita si sabe bailar el taranto “con los brazos bien arriba y bien cimbreado ese talle”, dice, colocándole el cuerpo. La taberna del toro se había estrenado dos años antes del rodaje de Luna de miel, en el Palace Theatre de Londres, donde actuaron durante ocho semanas y continuaron estrechando lazos con la capital inglesa, donde tanto lo apreciaron. Elsa Brunelleschi escribió, a propósito de ese nuevo estreno londinense, que, “si ya la había encontrado de gran calidad un año antes, la compañía de Antonio había mejorado ahora mucho más allá de cualquier reconocimiento”.


FANTASÍA GALAICA

En el libro que Gyenes dedicó en 1964 a Antonio, se recogen las palabras de Ernesto Halffter,   compositor de esta obra, sobre la coreografía de nuestro protagonista.  “Nunca olvidaré lo que Antonio hizo con mi Fantasía Galaica, de tantas bellezas en el detalle y en su conjunto; con aciertos tan singulares como el paso a dos, armonioso y poético, con el sonar de las vieiras contrapunteando el trenzar de los pasos… Antonio sabe hacer plásticas las ideas musicales con entera servidumbre y autenticidad al espíritu y a la letra de cada pentagrama”. Y es que la coreografía creada por Antonio es un ejemplo de cómo estilizar nuestras danzas -en este caso, los bailes gallegos-, reinterpretando los pasos desde la sabiduría técnica, potenciando su estética teatral y haciendo casi visible la música. También encontramos aquí su pasión por el paso a dos, expresivo, acercándose a la tradición del ballet, ofreciéndolo despojado de etnicidad. Al final, eso sí, se vuelve esta creación vertiginosa en su alborada de cierre, recogiendo la dinámica propia de la muñeira, el baile más popular de Galicia.


EL SOMBRERO DE TRES PICOS

El estreno de su versión original, coreografiada por Leonide Massine, fue en el Teatro Alhambra de Londres, el 22 de julio de 1919, por los Ballets Russes de Serge Diaghilev. El histórico empresario encargó a Manuel de Falla que reescribiese su ballet-pantomima El corregidor y la molinera, de 1917, creado para orquesta de cámara. Diaghilev y su joven coreógrafo Leonide Massine asistieron a su estreno en Madrid, ya que durante la I Guerra Mundial, y gracias a la ayuda del Rey Alfonso XIII -a quien consideraban su “padrino”-, los Ballets Rusos pudieron actuar (y, por ello, sobrevivir) en la España neutral.

Falla compuso El sombrero de tres picos según las indicaciones de Massine, adaptando las escenas a su idea coreográfica.

Con la versión de Antonio, El sombrero de tres picos triunfa como coreografía con el lenguaje de la danza española. Estrenado en 1958, en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, es con la versión de Antonio con la que el ballet adquiere su verdadera naturaleza, ya que la partitura de Manuel de Falla es una obra maestra en la estilización de nuestros ritmos y melodías populares.

© Jesús Vallinas / Ballet Nacional de España

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