09/04/2019

El Palau de les Arts rescata la versión lírica de ‘La Malquerida’ y la impregna de sabor mexicano

Si existe un autor que dio una vuelta de tuerca al teatro en castellano es Jacinto Benavente. El dramaturgo mostró sus credenciales para obtener el Nobel de Literatura con piezas impregnadas en el imaginario de Wilde. Sus dinámicos diálogos y su capacidad para amasar a la perfección las particularidades de la sátira social demuestran sus recursos. Estas cualidades se reflejan en su pieza más conocida, Los intereses creados, pero también en el drama rural La Malquerida.

Esta obra resulta tan emocionante y salvaje que el maestro Manuel Penella lanzó sus redes sobre ella. Le aplicó las notas musicales indicadas y la convirtió en un drama lírico cuya partitura original se conserva en la SGAE. Su estreno, el 12 de abril de 1935 en el teatro Victoria de Barcelona, acumuló laureles de crítica y público. En la actualidad, el Palau de les Arts recupera el libreto del músico valenciano en una coproducción con los Teatros del Canal. Esta impactante revisión llega al Martín i Soler (del 11 al 18 de abril). Y todo para homenajear a un director camaleónico y moderno para su tiempo.

Para sumergirnos en la intensidad lírica de su partitura, resulta imprescindible conocer a los personajes y el argumento. Descifrar cada detalle de este montaje requiere el descubrimiento de los antecedentes. Así que echamos la vista atrás para contextualizar la propuesta de Les Arts para esta última obra de Penella. La primera parada obligatoria debe ser 1913, año en el que Jacinto Benavente moldea la historia original.

Las tragedias y desventuras de Raimunda y Acacia

«El que quiera a la del Soto / tiene pena de la vida / por quererla quien la quiere / le dicen la malquerida». Esta copla, sin música, aparece ya en el texto de Jacinto Benavente. Hace referencia a Acacia, hija de Raimunda, y resume el drama que puede implicar la búsqueda de la verdad. Este cometido conducirá a la protagonista y a su familia a la ruina. El dramaturgo madrileño ilustró esa devastación de la manera clásica en la que se había representado Edipo Rey. También se perciben en sus formas los antecedentes de una de las obras lorquianas más aclamadas. Hablamos de La Casa de Bernarda Alba.

Asesinato prenupcial

El autor ya había coqueteado con el tema de la dominación de la mujer con varones de pocas luces. Lo hizo en Señora Ama, en 1908, un lustro antes de retomar este asunto. En el caso que nos ocupa, Benavente recrea en una hacienda, El Soto, este retrato verosímil, natural y realista. Allí es donde viven Acacia y Raimunda, quien se casa en segundas nupcias con Esteban. Quien también está a punto de pasar por la vicaría es la propia Acacia. Pero su prometido, Faustino, es asesinado un día antes de la boda.

Una pasión incestuosa

Es entonces cuando Raimunda toma las riendas de la investigación. Las sospechas recaen en Norberto, antiguo novio de la joven, pero la madre no se deja cautivar por la evidencia. Y razón no le falta. Y es que Esteban tiene una obsesión por su hijastra. Una pasión incestuosa que le lleva a perseguir a todas sus conquistas. Sus celos le conducen a cometer atrocidades con la complicidad de El Rubio, otro de los personajes de esta ficción.

El estreno en el teatro de La Princesa

En primera instancia, Acacia rechaza a su padrastro a ojos de todo el pueblo, pero terminará por profesarle su amor. Ambos lo ocultan con hostilidad hasta que todo se descubre. La reacción de Raimunda supone uno de los puntos álgidos de un texto que saltó a la escena en aquel 1913. Lo hizo en el teatro madrileño de La Princesa con María Guerrero (Raimunda) y María Fernanda Ladrón de Guevara (Acacia). Se iniciaba así, con un éxito incuestionable, la consagración de este texto teatral.

La apuesta de Manuel Penella

Esa aclamación popular no pasó desapercibida para Penella. El maestro, responsable de óperas inconfundibles como Don Gil de Alcalá y el desgarrador El gato montés, apostó sobre seguro. Decidió poner música a la genial creación de Benavente dos décadas después de su estreno. Redujo algunas escenas e incorporó números musicales allí donde resultaban necesarios. Su libreto recibió el beneplácito del firmante de la obra original. De hecho, ambos se repartieron los derechos de esa adaptación a partes iguales.

Entre coros, serranillas, pasacalles y coplas

Jacinto Benavente fue testigo de la obra en la que se convirtió su Malquerida. Asistió al estreno en el escenario catalán. Allí pudo escuchar la serranilla interpretada por Esteban, además de aplaudir el dueto del padrastro del relato con Raimunda. Esta protagonizó una plegaria de corte pucciniano durante una puesta en escena en la que no faltó el coro. Y, por supuesto, la copla mencionada al inicio contó con una fuerte presencia en la representación.

El camino que esperaba a este drama lírico

Manuel Penella logró dar una nueva vida a la obra original con catorce acertados números musicales. Aquel debut alfombró el camino hacia la gloria. De hecho, la compañía del teatro Victoria, liderada por Pablo Gorgé y Matilde Martín, emprendió una gira levantina. Poco después estalló la Guerra Civil. ¿Qué ocurrió entonces con el repertorio del maestro? Lo que sucedió fue que el músico viajó con él hasta Argentina y México, país en el que falleció.

Mariachis por rondallas

El valenciano murió en 1939, durante su exilio y con solo 58 años. Una década después de su desaparición, Emilio Fernández firmaba la versión cinematográfica de La Malquerida de Penella. Los cines mexicanos presenciaron actuaciones de mariachis en lugar de la rondalla incluida en la partitura.

Sin duda, esta historia rural, pero universal, dejó una huella imborrable en México. Su popularidad fue tan grande que perduró hasta alcanzar este siglo. Así, en 2014 se estrenaba una telenovela basada en la obra de Benavente. Un ejemplo más de la incuestionable influencia de este dramaturgo a lo largo del planeta. Se reconoce su teatro modernista en directores como Arthur Miller. No hay más que visionar su Panorama desde el puente (1955).

Así es la producción que llega al Palau de Les Arts

Esa conexión de Penella con México sirvió de inspiración para La Malquerida que veremos en Valencia. De hecho, la acción transcurrirá en este caso en una hacienda mexicana. La ambientación se basa en la Época de Oro del cine de este país iberoamericano. En estas sesiones no faltarán las dosis de humor ni los mencionados mariachis. Además, el montaje, dirigido por Emilio López y con Santiago Serrate a la batuta, evidencia la teatralidad del trabajo del compositor.

No existen documentos sonoros de esta partitura dramática, pues Penella no grabó fragmentos. Pero es evidente que el valenciano musicaliza cada gesto. Por ejemplo, el llanto del padrastro está escrito en el pizzicato de la cuerda.

El reparto

Sandra Ferrández (Raimunda), María Caballero (Acacia), César Méndez (Esteban) y Vicent Romero (Norberto) ponen voz a los protagonistas. En el montaje también participan la Orquestra de la Comunitat Valenciana, el Cor de la Generalitat Valenciana y la compañía Mariachi Sol del Mediterráneo. Mientras, Gabriela Salaverri se encarga de vestir a los actores en este relato. La escenografía corre a cargo de Nathalie Deanna.

Actores valencianos vinculados a ‘La Malquerida’

Comentábamos con anterioridad que María Fernanda Ladrón de Guevara interpretó a Acacia en el reparto inicial del texto original. La madrileña, que en aquel momento contaba con 15 años, coincidió con algunos intérpretes valencianos en obras posteriores. Así, en Mamá, de Gregorio Martínez Sierra, compartió escenario con Luis Medrano. Además, actuó con Emilio Valentí en otra obra de Benavente, La vestal de Occidente. También, con Felipe Carsi, en El último pecado, de Muñoz Seca.

Ladrón de Guevara acabó casándose con otro valenciano también actor, Rafael Rivelles. De este primer matrimonio nació Amparo Rivelles, que llegó a interpretar la misma pieza de Benavente que su madre: Campo de armiño. Su siguiente boda fue con el empresario teatral Pedro Larrañaga. Fueron padres de Carlos Larrañaga, quien contrajo matrimonio con la valenciana María Luisa Merlo. La conocida actriz es hija del también valenciano Ismael Merlo, abuelo, a su vez, de Amparo Larrañaga y Luis Merlo. Sin duda, se trata de una de las sagas de actores y actrices más representativas del teatro español.

El arte también se transmitió de generación en generación en el caso del propio Manuel Penella. No debemos olvidar a sus tres nietas, las actrices Emma Penella, Terele Pávez y Elisa Montes. Esta última contrajo matrimonio con el actor valenciano Antonio Ozores, con quien tuvo a la también actriz Emma Ozores. La mediana de las nietas de Penella hizo un guiño a su abuelo en su apellido artístico. Y es que, «Montes» hacía referencia a su famosa ópera en tres actos El gato montés.

La revisión de la versión musical de La Malquerida supone una cita ineludible para los amantes de la lírica. Pero también, para quienes aman el teatro dramático y cómico. La propuesta del Palau de les Arts Reina Sofía avanza un paso más. Riza el rizo colocando a Benavente y a Penella entre mariachis.

Fuente de la imagen: © Wounds_and_Cracks