Turandot

Giacomo Puccini

 

17, 20, 23, 26, 28, 31 octubre 2018
Sala Principal

Drama lírico en tres actos. Música de Giacomo Puccini, completada por Franco Alfano (autor del último dúo y de la escena final). Libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni, a partir de la obra homónima de Carlo Gozzi. Estreno: Milán, Teatro alla Scala, 25 abril 1926.


 

Colabora: Agència Valenciana del Turisme



 

 

 

Dirección musical
Alpesh Chauhan

Dirección de escena
Chen Kaige

Producción
Palau de les Arts

Turandot
Jennifer Wilson
Teresa Romano (26)

Calaf
Marco Berti
Amadi Lagha
(26)

Liù
Miren Urbieta-Vega

Timur
Abramo Rosalen

Ping
Damián del Castillo

Pang
Valentino Buzza

Pong
Pablo García López

Turandot, el canto del cisne en China.

La última vuelta de tuerca al asunto orientalista pucciniano veía la luz en 1926, dos años después de haber quedado inacabada la composición por la muerte de su autor, Giacomo Puccini. Tal acontecimiento había detenido el proceso en el momento mismo de la muerte de Liù, una de las protagonistas de este cuento chino, inspirado en una obra de teatro de Carlo Gozzi, escrita en 1762: Turandot.

La ópera homónima de Giacomo Puccini fue completada para su estreno por Franco Alfano y marca el fin de un ciclo estético, el del modernista Art Nouveau, brillante y elegante, grandioso y ensoñador, de formas sinuosas y oníricas. Este título, de apabullante vena melódica y colorido orquestal de ecos pentatónicos, supondrá el canto del cisne de un estilo en los tiempos de gloria de la dodecafónica, expresionista y llena de aristas Escuela de Viena.

ACTO I

Exterior de las murallas de Pekín. La princesa Turandot ha jurado que sólo se casará con un hombre de sangre real que resuelva los tres enigmas que ella ha preparado. Si éste lo intenta y fracasa, será decapitado. La multitud llena la plaza mientras un mandarín anuncia que el Príncipe de Persia acaba de fallar en su intento y que morirá al salir la luna. La muchedumbre, exaltada, pide la ejecución, pero retrocede ante los golpes de la guardia. Timur, rey tártaro ciego y depuesto, y Liù, su esclava china, se esconden entre la multitud. En medio de la confusión, Timur cae y, cuando Liù pide ayuda, un príncipe desconocido se ofrece a asistirles. Éste, Calaf, reconoce en Timur a su padre y explica que va de incógnito porque sus enemigos les buscan. Timur le cuenta cómo ha huido acompañado por Liù, quien se ha ofrecido a guiarle. Cuando el príncipe pregunta a ésta por qué arriesga su vida, ella le contesta que es porque él le sonrió una vez.

Mientras el verdugo afila la espada, la muchedumbre, impaciente porque salga la luna, pide la sangre del príncipe persa. Sin embargo, cuando aparece, su hermosa juventud y su expresión triste arrancan súplicas de compasión. Calaf se une a ellos, y define a Turandot como malvada y cruel. La princesa se asoma y su radiante belleza se adueña de su corazón. Incluso cuando da la señal de ejecutar al persa, el príncipe desconocido permanece bajo el hechizo. A pesar de los ruegos de Timur y Liù, Calaf se precipita hacia el gong que sirve para anunciar un posible pretendiente. Los ministros del emperador, Ping, Pang y Pong, también intentan disuadirle al describir la horrible muerte que le espera si fracasa. Al fin y al cabo, Turandot no es más que una mujer como tantas otras.

Las damas de Turandot entran y piden silencio; su señora descansa. Salen y el príncipe desconocido, animado por los fantasmas de anteriores pretendientes, insiste en su deseo de intentar resolver los enigmas. Una vez más, Liù le suplica. Él intenta reconfortarla pero, hechizado por la visión de Turandot, y pronunciando su nombre, golpea el gong.

 

ACTO II

Un pabellón del palacio. Ping, Pang y Pong hablan del lamentable estado de China y cómo, hasta el nacimiento de Turandot, todo era acorde a las antiguas leyes. Reducidos a meros ministros del verdugo, repasan las numerosas muertes de pretendientes: ocho el año del Perro, seis el año de la Ratón y, en el año actual, el del Tigre, ya van trece, incluido, supuestamente, el príncipe desconocido. Los ministros ansían el día en que Turandot finalmente sucumba al amor.

Una plaza frente al palacio imperial. Mientras el pueblo se congrega, el gran tambor y las trompetas anuncian la ceremonia de los enigmas. El emperador Altoum es aclamado por la multitud como “Hijo del Cielo” y le desean que viva mil años. Ocho sabios le acompañan y llevan los manuscritos con las respuestas a los enigmas. El emperador se arrepiente de la promesa que hizo de mantener la ley que obliga a perder la vida a los pretendientes de Turandot y trata de desalentar al príncipe desconocido; ha presenciado demasiadas muertes. Al ver que el príncipe hace caso omiso de la advertencia, el Mandarín vuelve a leer la ley.

Turandot entra; habla de su antepasada Lou-Ling, que fue secuestrada y asesinada por los tártaros dos mil años antes. Turandot se venga ahora en todo aquel que pretenda poseerla. Ella plantea los tres enigmas. “¿Qué es aquello que nace cada noche y muere al amanecer?” El príncipe responde: “La esperanza”. “¿Qué se enciende como una llama pero no es una llama?” Él contesta: “La sangre”. Finalmente, “¿Cuál es el hielo que te da fuego?” Triunfante dice: “Turandot”. Mientras el pueblo aclama al príncipe, una sorprendida Turandot pide a su padre que no la entregue al extranjero. El emperador responde que su promesa es sagrada. El príncipe propone que si ella averigua su nombre, la eximirá de su promesa y se dejará ejecutar. Turandot acepta el reto.

 

ACTO III

Jardines de palacio, poco antes del amanecer, aunque la ciudad está despierta. Turandot ha decretado que nadie duerma hasta que se descubra el nombre del príncipe. Si no, todos morirán. El pueblo amenaza a Calaf y le pregunta su nombre para no ser torturado. Ping, Pang y Pong se esfuerzan para persuadirle de que huya y salve la vida, incluso le tientan con mujeres hermosas y tesoros. Cuando los soldados traen a Timur y a Liù, Turandot pregunta el nombre del príncipe desconocido y amenaza con torturar a Timur en busca de una respuesta. Para salvarle, Liù dice que es la única que conoce el nombre pero se niega a proclamarlo. Es torturada pero sigue sin querer decir el nombre.

Cuando Turandot le pregunta qué fuerza la obliga a mantenerse en silencio, Liù le contesta que es el amor y predice que Turandot también le amará. Temiendo ceder y decidida a no revelar el secreto, Liù coge la daga de un soldado y se suicida. Mientras el pueblo pide el nombre, Liù va tambaleándose hasta el príncipe y muere. Confuso, el ciego Timur se arrodilla y le pide que se levante, pero le dicen que ha muerto. Se llevan su cuerpo y todos lo siguen. El príncipe se queda a solas con Turandot. Corre hacia ella, le quita el velo y, a pesar de sus protestas, la besa apasionadamente. La princesa de hielo se derrite en sus brazos. Al romper el alba, ella le confiesa cuánto despreciaba a todos los que murieron, pero a él le odiaba y le temía al mismo tiempo: la conquistó. El príncipe, que sabe que la ha seducido, revela su nombre: Calaf, hijo de Timur. El emperador y su corte esperan noticias de Turandot. Ella le dice a su padre que ya sabe el nombre del extranjero: “Su nombre es Amor”. Todos se alegran mientras Turandot y Calaf se abrazan.