Macbeth

Giuseppe Verdi

5 diciembre 2015 · 19.00 h

8, 20 diciembre 2015 · 18.00 h

11, 14, 17 diciembre 2015 · 20.00 h

 
Sala Principal

Ópera en cuatro actos y diez cuadros ·  Música de Giuseppe Verdi · Libreto de Francesco Maria Piave y Andrea Maffei, basado en la tragedia homónima de William Shakespeare · Estreno: Florencia, 14 marzo 1847, Teatro della Pergola

Dirección musical
Henrik Nánási

Dirección de escena
Peter Stein

Escenografía
Ferdinand Wögerbauer

Vestuario
Anna Maria Heinreich

Iluminación
Joachim Barth

Producción
Teatro dell’Opera di Roma
Salzburger Festspiele

Cor de la Generalitat Valenciana
Francesc Perales, director

Orquestra de la Comunitat Valenciana

Macbeth
Plácido Domingo

Lady Macbeth
Ekaterina Semenchuk

Macduff
Giorgio Berrugi

Banco
Alexánder Vinogradov

Malcolm
Fabián Lara *

Dama de Lady Macbeth
Federica Alfano *

Médico
Lluís Martínez **

Criado de Macbeth
Boro Giner **

Sicario
Pablo Aranday *

Heraldo
Juan Felipe Durá **

* Centre Plácido Domingo
** Cor de la Generalitat Valenciana

ACTO PRIMERO

Escena primera. En un páramo, entre rayos y truenos se encuentran congregadas unas brujas. Aún lejanos, pero acercándose sin pausa, Macbeth y Banquo, dos generales del rey Duncan de Escocia, regresan victoriosos de una batalla. Una vez se encuentran éstos con aquéllas, las brujas predicen el futuro de ambos: Macbeth será el Thane de Cawdor antes de ser rey; Banquo será padre de un rey que gobernará después de Macbeth. Las brujas desaparecen dejando a los militares sumidos en el mayor desconcierto, que aumenta cuando los mensajeros del rey Duncan se presentan ante Macbeth para nombrarle Thane de Cawdor: la predicción se ha cumplido y con ella se han despertado de un golpe la ambición de poder y el recelo en los hasta ese momento amigos militares.

Escena segunda. En el castillo de Macbeth, su esposa, Lady Macbeth lee una carta. En ella su esposo le relata el extraño encuentro con las brujas en medio del páramo, su predicción y, lo que es más importante, el cumplimiento de ésta. Decidida a empujar a su marido por la senda del poder, y considerándole a la vez débil de carácter, Lady Macbeth se dispone a liderar el proyecto. Así, en cuanto un sirviente le comunica que el rey Duncan se encuentra en el castillo de Macbeth para pasar en él la noche, ella decide matarlo para hacer real la profecía final. Llegado Macbeth a su residencia, y sumido en profundo sueño el rey Duncan y sus acólitos, no tardará Lady Macbeth en incitar a su pusilánime esposo al magnicidio. Macbeth duda daga en mano. En medio de una lucha interna entre su sed de poder y sus escrúpulos, apuñala al rey dormido y vuelve junto a su esposa, corroído por el temor. Entonces ella entra en la estancia, asesina a los dos guardias, que estaban también dormidos, ensangrienta después sus rostros y pone los puñales en sus manos para culparlos del asesinato de Duncan, el rey de Escocia. Poco después llega al castillo de Macbeth el noble escocés Macduff, para despertar al rey y proseguir camino, pero descubre la horrible escena.

ACTO SEGUNDO

Escena primera. Macbeth ya es rey de Escocia, pero vive torturado por la profecía que también se le hizo a Banquo: él será padre de rey. De nuevo es Lady Macbeth la que le ofrece la solución: Banquo y su hijo deben morir. Sigue el camino de la sangre.

Escena segunda. No muy lejos del castillo del rey Macbeth se congrega un grupo de asesinos a sueldo. Están emboscados a la espera del paso de Banquo y de su hijo. Cuando el general aparece, parece presentir, por los precedentes eventos en el páramo y la muerte del rey Duncan, su propio asesinato, y así se lo comunica a su hijo. Estando en ello, los dos se ven asaltados por los asesinos pagados por los Macbeth, pero sólo consiguen matar a Banquo. El hijo seguirá vivo, y con él se mantiene posible la predicción. El difunto Banquo aún puede ser padre de un rey.

Escena tercera. Un banquete en el que se celebra el título de rey, recientemente concedido a Macbeth. Congregada la multitud de nobles en la sala, permanece vacío el asiento de Banquo. En efecto, los asesinos ya le han comunicado al nuevo rey la muerte del que fuera su amigo y, justo cuando Macbeth se dispone a ocupar su asiento, encuentra al fantasma de Banquo en él. Macbeth entra en pánico, aunque sólo él puede ver tal aparición y, a pesar de los esfuerzos de Lady Macbeth por culpar a los excesos de la noche de la reacción de su esposo, el festín acaba en la mayor de las angustias. La conducta del rey despierta en todos la sospecha: la mancha de sangre en las manos de Macbeth, invisible por el ojo, tiñe la mente de todos los concurrentes.

ACTO TERCERO

Escena única. Las brujas reunidas en una caverna tenebrosa en la que hierve una marmita. Están invocando a Hécate, su oscura diosa. Fuera se ven rayos y se escuchan truenos. Macbeth entra en la caverna y reclama de las brujas nuevas predicciones de su futuro: una aparición le advierte de la figura de Macduff. Un niño cubierto de sangre le tranquiliza, pues ningún hombre nacido de mujer podrá destruirle. Otro niño, éste con la testa coronada y una rama de árbol por cetro, le anima a no temer nada mientras no vea moverse al bosque de Birnam. Al fin, y para colmo de su terror, aparecen ocho reyes en procesión encabezados por Banquo, su progenitor; esto hace desfallecer a Macbeth, que despierta ya en brazos de su esposa. Una vez sabe ella lo que el rey acaba de conocer, firma la sentencia de muerte de Macduff y del hijo de Banquo.

ACTO CUARTO

Escena primera. En un paisaje desolado, en la frontera entre Escocia e Inglaterra, con el bosque de Birnam al fondo, están los refugiados escoceses, huidos de la tiranía sangrienta de Macbeth. Macbeth ha ordenado la muerte de Macduff y de su familia. Malcolm, el hijo del asesinado rey Duncan, se dispone a atacar a Macbeth comandando un ejército de ingleses, y se dispone a hacerlo camuflando a sus huestes con el ramaje de los árboles de Birnam.

Escena segunda. En el castillo de los Macbeth asisten a la rara enfermedad de la señora de la casa. Un doctor escucha la descripción del extraño comportamiento nocturno de Lady Macbeth, relatado por su dama de compañía. Sin duda, el crimen ha turbado su mente, que se expresa durante el sueño entregándose al sonambulismo locuaz y al remordimiento más descarnado.

Escena tercera. Mientras tanto, un rabioso e impotente Macbeth recibe la nueva de que Malcolm, hijo del rey escocés Duncan, se ha aliado con el ejército inglés. En un nuevo modo de remordimiento, revestido de añoranza, Macbeth imagina cómo hubiera sido su tranquila vejez, libre de las culpas de la sangre que ahora le amenazan. Es entonces cuando conoce la muerte de su esposa, sin no poca indiferencia. Para su sorpresa, ve en la lejanía que el bosque de Birnam se mueve, sin dejarle casi tiempo para su defensa.

Escena cuarta. Las tropas de Malcolm, y con ellas Macduff, atacan a Macbeth. Éstos últimos se enzarzan en un mortal duelo: Macduff anhelante de sangre vengadora por la muerte de su esposa y sus hijos; Macbeth no exento de la calma que le da aquella profecía de la caverna que le salvaba de morir a manos de ningún hombre nacido de mujer. Pero es Macduff quien destruye la esperanza de Macbeth: él no nació de su madre, sino que fue arrancado de su vientre. Macbeth cae vencido y a la vez, fuera, las tropas inglesas de Malcolm se alzan victoriosas.

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