Rigoletto

Giuseppe Verdi

11, 14, 17, 19, 22 mayo 2019

 
Sala Principal

Ópera en tres actos. Música de Giuseppe Verdi. Libreto de Francesco Maria Piave, basado en Le roi s’amuse de Victor Hugo. Estreno: Venecia, 11 marzo 1851, Teatro La Fenice.


 

 

 

 

 

Dirección musical
Roberto Abbado

Dirección de escena
Emilio Sagi

Escenografía
Ricardo Sánchez-Cuerda

Vestuario
Miguel Crespí

Iluminación
Eduardo Bravo

Coreografía
Nuria Castejón

Coproducción
ABAO
Teatro São Carlos de Lisboa

Orquestra de la Comunitat Valenciana
Cor de la Generalitat Valenciana

Rigoletto
Leo Nucci (11, 14)
Vladimir Stoyanov (17, 19, 22)

Gilda
Maria Grazia Schiavo

Duca di Mantova
Celso Albelo

Sparafucile
Marco Spotti

Maddalena
Nino Surguladze

Monterone
Gabriele Sagona

Rigoletto, el drama del agitador silencioso y maldecido.

Un bufón deforme y enfermo de rencor. Así era el ser nacido en 1851 de la unión entre Giuseppe Verdi y Victor Hugo.

Un agitador silencioso, que odia a todos y teje una espiral de maldades en la que caen, por la más irresponsable diversión, los que le rodean y le desprecian. Un estercolero moral del que apenas sale para cuidar de una lejana luz de amor, oculta e insospechada. Un vehículo perfecto para el retrato en negativo del héroe romántico, instrumento en pro del mal cuya mayor y final grandeza llegará cuando sea él maldecido y muera el único bien que ha hecho en la vida, aquella lejana luz de amor: su hija.

Un épico alegato a la belleza del alma humana, a menudo oculta bajo la fealdad más repulsiva.

Acto I

Cuadro I

Palacio ducal de Mantua, siglo XVI. El libertino Duque de Mantua celebra una gran fiesta en los salones de su mansión. Ante los cortesanos, alardea de sus conquistas amorosas. La última, una joven a la que ronda -haciéndose pasar por estudiante- cada domingo, cuando ella sale de la iglesia. Pero la que ahora ha despertado el interés del seductor es la condesa de Ceprano. Se escapa con ella a una habitación del palacio, ante los mismísimos ojos de su marido. Rigoletto, un bufón jorobado de la corte, se burla del conde de Ceprano y se marcha tras el Duque. Marullo aprovecha su ausencia y revela a los demás que Rigoletto tiene una amante secreta. Los cortesanos, hartos de las burlas del bufón, planean raptarla esa misma noche para darle un escarmiento.

El Duque y Rigoletto vuelven a unirse a la fiesta. El jolgorio se ve alterado por la irrupción del anciano conde de Monterone y las duras palabras que profiere en público hacia el Duque por haber deshonrado a su hija. Monterone es arrestado, pero antes de que se lo lleven maldice de forma intimidatoria al vil seductor y a su bufón.

Cuadro II

Anochece. Rigoletto se dirige hacia su hogar muy pensativo, angustiado por la maldición de Monterone, cuando es sorprendido por Sparafucile, un asesino a sueldo que le ofrece sus servicios. Rigoletto le pregunta dónde puede localizarlo por si le necesita más adelante, y prosigue su camino. Cuando entra en su casa y por fin ve a su hija Gilda, todos los pensamientos pesimistas desaparecen de la mente del acomplejado y supersticioso bufón. Ella es la única persona que tiene en el mundo y su razón de existir. Temeroso de que alguien le haga daño, la mantiene incomunicada del mundo exterior, custodiada por el aya Giovanna.

Rigoletto se marcha. El Duque de Mantua se cuela en el jardín de la casa y lanza una bolsa de monedas a la nodriza para comprar su silencio. A solas ya con Gilda, el libertino se presenta como “Gualtier Maldè”, el humilde estudiante que la ha esperado cada domingo a la salida de la iglesia. Tras declararle su amor a la joven, huye precipitadamente al oír pasos de alguien que se acerca. Mientras Gilda recuerda emocionada el encuentro con el Duque, se aproximan a la tapia del jardín los cortesanos que acuden a raptarla creyéndola amante del bufón. Rigoletto los sorprende fuera de su casa y ellos le hacen creer que van a raptar a la condesa de Ceprano, que vive justo enfrente. El bufón decide participar en la broma. Para que no sospeche que en realidad es su casa la que van a asaltar, los cortesanos le vendan los ojos. El propio Rigoletto sujeta la escalera por la que acceden a su jardín. Al oír los gritos de socorro de Gilda corre hacia la casa. Tan solo encuentra su chal en el suelo. La maldición de Monterone ha comenzado a hacer efecto.

Acto II

El Duque disfruta en su dormitorio de la compañía de Gilda mientras los cortesanos aguardan fuera. Rigoletto irrumpe simulando normalidad en busca de Gilda. Cuando le impiden el acceso a la estancia privada del Duque, el jorobado, enfurecido, revela que la muchacha que han raptado no es su amante, como creen, sino su hija, e insulta a los cortesanos. Poco después sale Gilda de la alcoba del Duque y, a solas ya con su padre, narra a éste lo sucedido. Mientras, unos guardias escoltan a Monterone hasta el calabozo. Rigoletto, al verlo pasar, jura vengarse.

Acto III

Es de noche. Rigoletto conduce a su hija hasta la siniestra posada de Sparafucile, en las afueras de la ciudad, para que descubra por sí misma la traición del Duque. Por una hendidura en la pared, Gilda observa junto a su padre cómo el Duque seduce a Maddalena, la hermana de Sparafucile. El bufón ordena a su hija que marche a vestirse con ropas de hombre para partir esa misma noche hacia Verona, como él ha previsto. Ya a solas, Rigoletto paga a Sparafucile un adelanto para que mate al Duque, y se compromete a darle el resto cuando le sea entregado el cadáver.

Se desencadena una fuerte tormenta. Gilda regresa a la posada. Desde fuera escucha cómo Maddalena propone a su hermano matar al primero que venga pidiendo hospedarse, en vez de al Duque, pues se ha enamorado de él. Gilda, decidida a sacrificarse por amor, llama a la puerta de la posada y es apuñalada por Sparafucile. Más tarde llega Rigoletto. Tras pagar la otra mitad de lo convenido a Sparafucile, se lleva el saco con el cuerpo que éste le entrega. Victorioso, se dispone a tirarlo al río, pero al oír el canto del Duque proveniente de la posada abre con angustia el saco y descubre el cuerpo de su hija, quien en un último aliento de vida le pide perdón y muere. Rigoletto, tras recordar de nuevo la maldición de Monterone, cae desmayado sobre el cuerpo de Gilda.