Il mondo della luna

Franz Joseph Haydn

8, 10, 12 (función didáctica) y 14 marzo 2018

 

 
Teatre Martín i Soler
O la esperanza en un mundo nuevo y mejor.
Compuesta para el palacio Esterhazy, en esta ópera Haydn pone música a una comedia de Carlo Goldoni, el comediógrafo italiano que tanto escribió sobre los cambios sociales de finales del siglo XVIII. La ruptura de las rígidas convenciones y la búsqueda de un mundo distinto como sinónimo de mejor, sitúan a esta obra de nacimiento aristocrático en la senda del nuevo teatro social.

 

Dirección musical
Jonathan Brandani

Dirección de escena
Emilio Sagi

Escenografía
Daniel Bianco

Vestuario
Pepa Ojanguren

Iluminación
Albert Faura

Coreografía
Nuria Castejón

Producción
Teatro Arriaga de Bilbao en coproducción con la Opéra de Monte-Carlo

Orquestra de la Comunitat Valenciana

Cantantes Centre Plácido Domingo

Acto I

Terraza en casa del falso astrónomo Ecclictico.

Ecclictico y sus discípulos cantan a la Luna, y el astrónomo se jacta de engañar a crédulos como Buonafede. Llega éste. Interesado en la astronomía, Buonafede admite no saber qué es la Luna, y Ecclictico le explica que es otro mundo, cuya intimidad conoce gracias a su telescopio. Buonafede pide mirar por él, a lo que Ecclictico accede, y entra en el observatorio. A la orden de Ecclictico, dos criados sitúan ante el telescopio una máquina con figuras que se mueven. Buonafede sale maravillado y cuenta lo visto: una chica acariciando a un viejo, un marido que castiga a su mujer por su infidelidad, un joven tratando a su amante con mano de hierro. Da una bolsa de dinero a Ecclictico y se marcha. Ecclictico lamenta no tener a Clarice, hija de Buonafede, en lugar del dinero de éste.

Entran Ernesto y su criado Cecco, que se unen a la queja: Ernesto ama a Flaminia, la otra hija de Buonafede y Cecco a su criada Lisetta, pero Buonafede aspira a que las tres se casen con ricos aristócratas. Ecclictico les dice que con algo de ingenio conseguirán a sus amadas.

Aposento en casa de Buonafede.

Clarice y Flaminia se quejan de que su padre no les permita casarse con Ecclictico y Ernesto. Buonafede les reconviene: el viejo piensa que en la Luna tendrían el castigo adecuado y así se lo dice a Lisetta, que finge amarlo mientras ansía conseguir su dinero. Ecclictico llega para despedirse: el emperador de la Luna le reclama y él va a transportarse allí mediante un licor mágico que finge beber. Buonafede le pide ir con él y Ecclictico le da la botella. El viejo bebe y cae en un sueño profundo. Clarice y Lisetta se asustan al ver desmayado a su padre, pero la idea de una buena herencia las reconforta. A las órdenes de Ecclictico, dos criados se llevan al dormido Buonafede.

Acto II

Jardín de Ecclictico, decorado extravagantemente.

Buonafede despierta y queda maravillado con el mundo de la Luna. Ecclictico le explica que sus hijas y su criada se unirán a ellos y serán obedientes, lo que corroboran Cecco, vestido de emperador de la Luna y Ernesto, disfrazado como el héroe Hesperus. Lisetta es la primera en llegar pero para desgracia de Buonafede prefiere ser la emperatriz de la Luna. Clarice y Flaminia acceden a casarse con Ecclictico y Hesperus, lo que consiente Buonafede llevado por la confusión del momento. Cuando repara en el engaño monta en cólera, pero ya es tarde.

Acto III

Salón en casa de Ecclictico.

Buonafede está prisionero en casa de Ecclictico. Los tres compinches le darán la libertad si acepta los matrimonios y les concede la dote. Aunque el viejo al principio se niega, acaba claudicando.

Ante la Luna llena.

Los amantes se regocijan de su suerte y Buonafede se arrepiente de su conducta anterior. Todos disfrutan de la buena fortuna que les ha traído la Luna.