
Valeri Guerguiev La Fura dels Baus Franc Aleu Roland Olbeter Chu Uroz Peter van Praet Cor de la Generalitat Valenciana Palau de les Arts Reina SofíaDirección musical
Dirección de escena
Carlus PadrissaVideocreación
Escenografía
Vestuario
Iluminación
Orquestra de la Comunitat Valenciana
Francesc Perales, directorNueva producción
Teatro Marinski
Teatr Wielki, Opera Narodowa
Grand opéra en cinco actos
Libreto de Hector Berlioz, a partir de los libros II y IV de La Eneida de Virgilio
PRIMERA PARTE : LA TOMA DE TROYA ACTO II Los soldados grie gos escondidos en el colosal caballo de madera han comenzado a salir para invadir la ciudad. Con la batalla de trasfondo, el espectro de Héctor visita a Eneas en su palacio y le aconseja que abandone Troya y se dirija a Italia, donde levantará un nuevo imperio. Llega Corebo, que encabeza un grupo de soldados, e insta a Eneas a defender Troya hasta la muerte. Mientras tanto, en el interior del palacio del rey Príamo, varias mujeres rezan junto al altar para que sus soldados reciban ayuda divina. Casandra profetiza que Eneas y los supervivientes fundarán una nueva Troya en Italia. Las otras mujeres se dan cuenta ahora de la veracidad de sus presagios y lamentan no haberla creído antes. Corebo ha muerto y Casandra ha tomado la decisión de quitarse la vida, a lo que también invita a sus compañeras, para evitar así ser profanadas por los griegos. Los soldados griegos entran en la estancia y exigen a las mujeres el tesoro de Troya. Casandra, desafi ante, se apuñala ante los soldados. Políxena, su hermana, coge el mismo puñal y hace lo propio. Las restantes mujeres tratan con desdén a los griegos y se suicidan en masa, para horror de los soldados. Casandra emite un último grito de "¡Italia!" antes de caer muerta. Ser profanadas por los griegos. Los soldados griegos entran en la estancia y exigen a las mujeres el tesoro de Troya. Casandra, desafi ante, se apuñala ante los soldados. Políxena, su hermana, coge el mismo puñal y hace lo propio. Las restantes mujeres tratan con desdén a los griegos y se suicidan en masa, para horror de los soldados. Casandra emite un último grito de "¡Italia!" antes de caer muerta. SEGUNDA PART E : LOS TROYANOS EN CARTAGO ACTO IV Jardines de Dido. Narbal conversa con Ana poco después de la cacería en la que han participado cartagineses y troyanos. Ambos están satisfechos por la derrota de los númidas, pero Narbal confiesa a Ana que está preocupado porque Dido ha descuidado los asuntos de estado, distraída por su amor hacia Eneas. Ella resta importancia y cree que Eneas sería un excelente rey de Cartago. Narbal recuerda a Ana que los dioses han señalado Italia como destino fi nal de Eneas y de sus hombres, pero ella cree que la fuerza del amor hará imposible la marcha del héroe troyano. Efectivamente, Dido y Eneas están perdidamente enamorados el uno del otro. Mientras tiene lugar la escena de amor entre ambos, el dios Mercurio aparece fugazmente y, golpeando el escudo de Eneas, grita tres veces "¡Italia!", en clara señal para que el héroe parta. ACTO V El puerto de Cartago. Eneas está desesperado. El aviso de los dioses y los ánimos que le han dado los espectros de Príamo, Corebo, Héctor y Casandra le inducen a marcharse a Italia. El héroe se debate entre la crueldad de abandonar a Dido y la obediencia al mandato de los dioses. Finalmente, ordena a sus camaradas que preparen todo para dejar Cartago antes del amanecer. Dido, dolida por el intento de Eneas de partir en secreto, rechaza sus excusas y lo maldice. La multitud ve zarpar a los troyanos, de lo que Iopas informa a Dido. Furiosa, ésta ordena a los cartagineses perseguir y destruir la flota troyana.S I N O P S I S A RG U M E N TA L
ACTO I Campamento griego abandonado en las afueras de la muralla de Troya. Después de diez años de sitio, los troyanos celebran eufóricos el fi n de los enfrentamientos con los griegos, que han desaparecido repentinamente sin dejar rastro. En el desolado reducto sólo ha quedado un gigantesco caballo de madera que los troyanos acogen como regalo y que pretenden introducir en la ciudad como ofrenda a la diosa Palas Atenea.
Mientras se suceden los festejos Casandra, hija de Príamo (rey de Troya), aparece por la llanura y deambula con la mirada perdida, absorta en sus pensamientos. La atormentada joven desconfía del regalo de los griegos y presiente una catástrofe sobre Troya. Su prometido, Corebo, trata inútilmente de consolarla y la anima a unirse a la celebración, pero ella continúa inmersa en sus malos presagios y sin lograr convencer a nadie de la ruina que se cierne sobre su pueblo.
Irrumpe el cortejo real, del que forman parte Eneas y otros héroes troyanos. A continuación aparece Andrómaca, viuda de Héctor (hijo del rey Príamo y hermano de Casandra, fallecido en combate contra los griegos), acompañada de su hijo Astianacte. El pueblo se conmueve ante el paso fi rme pero triste de la viuda, quien presenta a su hijo a los reyes para que lo bendigan.
Eneas aparece en escena sobresaltado y cuenta cómo el sacerdote Laocoonte ha sido devorado por una serpiente marina después de aconsejar a los troyanos que quemasen el caballo. Este hecho es interpretado como señal de enfado de la diosa Palas Atenea por el sacrilegio. A pesar de las inútiles protestas de Casandra, Príamo ordena que se introduzca el caballo en la ciudad y se sitúe junto al templo de la diosa.
Procedente del interior del caballo llega un sonido que simula el choque de armas, pero los troyanos, en su engaño, lo interpretan como un buen augurio. Casandra, que ha observado la procesión exasperada, advierte que en el costado del caballo se esconde una trampa infernal.
Pero todos desoyen sus funestos augurios. De improviso se extingue la marcha triunfal. Casandra ya ve inevitable la destrucción de Troya.
ACTO III Un palacio en Cartago. Los cartagineses y su reina, Dido, celebran la prosperidad de su imperio. Dido, sin embargo, está preocupada porque teme a Iarbas, el rey de Numidia, quien le ha propuesto un matrimonio político que ella rechaza. Ya en privado, Dido y su hermana Ana hablan de amor. Iopas, poeta de la corte, anuncia que una flota desconocida (integrada por supervivientes troyanos) ha atracado en el puerto. Dido da la bienvenida a los forasteros. Ascanio, hijo de Eneas, presenta el tesoro salvado de Troya y narra la desventurada historia de su civilización.
De repente, Narbal, ministro de Dido, entra agitado y cuenta que Iarbas, al frente de su ejército, ataca las inmediaciones de Cartago y se dispone a invadir la ciudad. Pero no hay armas sufi cientes para repeler el ataque. Eneas, que hasta entonces ha permanecido disfrazado de marinero entre los troyanos, revela su verdadera identidad y ofrece todos sus hombres para defender Cartago. Dido acepta la oferta. Cartagineses y troyanos parten a combatir contra los númidas.
En el jardín de Dido se ha construido una pira de sacrificio con las reliquias de Eneas. La infeliz reina de Cartago se quita el velo y lo lanza sobre la toga y las pertenencias de su amado. A continuación se apuñala con la espada de Eneas ante el horror de su pueblo. En el momento de su muerte profetiza que un héroe, Aníbal, renacerá de sus cenizas y vengará a su pueblo, y, en una imagen no visible para los cartagineses, ve alzarse el imperio romano en todo su esplendor.









