
Ópera en un prólogo, cuatro actos y un epílogo
Libreto del compositor basado en Faust de Johann Wolfgang von Goethe
Estreno: Milán, Teatro alla Scala, 5 marzo 1868
Estreno versión revisada: Bolonia, Teatro Comunale, 4 octubre 1875
Estreno versión definitiva: Venecia, Teatro Rossini, 13 mayo 1876
| Dirección musical Nicola Luisotti |
Mefistofele Margherita Wagner / Nereo
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Orquestra de la Comunitat Valenciana
Cor de la Generalitat Valenciana
Francesc Perales, director
Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats
Luis Garrido, director
PRÓLOGO
En el cielo. Dios rodeado por las fuerzas celestiales. Se presenta Mefistofele, quien se queja de que cada vez le motiva menos tentar al hombre. El coro celestial le pregunta si conoce al anciano Faust. Él responde que sí, y además explica que el viejo es fiel devoto del Señor. Esta consulta reaviva el interés del maligno por captar más siervos, lo que le induce a apostar con Dios por el alma de Faust. Su envite es aceptado. Mefistofele desaparece. Tras él, las fuerzas celestiales se disuelven.
PRIMERA PARTE
ACTO I
Domingo de Resurrección. Puerta de la ciudad de Fráncfort. La multitud discurre por las calles en ambiente de alegría y celebración. El sabio Faust comenta con su pupilo Wagner el esplendor del amanecer de la primavera. Comienza a oscurecer. Faust advierte la presencia de un misterioso fraile que merodea por el lugar. Cree que se trata de un espectro. Wagner resta importancia al asunto. Los dos se van y el fraile los sigue.
El pacto. Faust entra en su gabinete. El fraile se esconde en la casa sin que él se dé cuenta. El anciano se dispone a leer el Evangelio, pero es interrumpido por los gritos del misterioso intruso, quien se transforma mágicamente en un apuesto caballero que se presenta como el demonio y ofrece a Faust un pacto: disfrutar, rejuvenecido, de una vida placentera en la que tendrá cuanto quiera y contará siempre con su ayuda. A cambio, en "la otra vida", su alma estará al servicio del maligno. El anciano acepta y juntos parten en busca de aventuras.
ACTO II
El jardín. Faust, ahora rejuvenecido por mediación del "hijo de las tinieblas", corteja -bajo el nombre de Enrico- a la joven y bella Margherita. Mientras, Mefistofele distrae con su galantería a la amiga y vecina de ésta, Marta. Faust declara su apasionado amor a Margherita. Quiere pasar la noche con ella. La virginal muchacha se muestra reticente debido a que su madre le aguarda en casa y ya es hora de regresar. Faust le proporciona un somnífero que Margherita suministra a su madre para que se duerma. Al fin pueden estar los dos a solas.
La noche del Sabbat. Lugar desértico y siniestro. Se prepara un aquelarre al que asisten brujas, brujos, duendes y espíritus diabólicos. Mefistofele invita a Faust a participar en la celebración. Todas las criaturas infernales se postran ante el maligno. Una sucesión de bailes da paso a una imagen tenue que se divisa al fondo, en la cual se aprecia la silueta de Margherita encadenada y con semblante triste. Faust se conmueve y quiere ir en su ayuda. Mefistofele trata de distraerlo para que deje de mirar y se concentre en el aquelarre. La imagen se disuelve y continúa la danza infernal.
ACTO III
Muerte de Margherita. Margherita, condenada a muerte, delira en la prisión mientras aguarda, encadenada, su ejecución. Ha sido acusada de un doble asesinato: ahogar a su hijo recién nacido y envenenar a su madre. Faust llega dispuesto a salvarla. Cuando finalmente la convence para que huya con él, Margherita reconoce en el acompañante de Faust al maligno, y se echa atrás. Mefistofele presiona a la pareja para que se dé prisa, pues se acerca el verdugo. La muchacha renuncia a huir con ellos e implora al Cielo su perdón. Las voces celestiales proclaman que el alma de Margherita está salvada. Mefistofele y Faust desaparecen.
SEGUNDA PARTE
ACTO IV
La noche del Sabbat clásico. La nueva aventura de Faust transcurre esta vez en el reino de las fábulas, rodeado de hermosos paisajes, templos y sirenas. Al fondo se divisa una preciosa barca de plata en la que va Elena de Troya. Faust queda fascinado por la belleza de su rostro. La embarcación se aleja arrastrada por las sirenas. Faust se siente feliz en la antigua Grecia y desea cortejar a Elena. Mefistofele, sin embargo, comenta que está incómodo en este lugar; él prefiere el aquelarre de brujas. Llega Elena. Faust, ataviado como un elegante caballero del siglo XV y acompañado por Nereo, Pantalis, faunos y sirenas, le declara su profundo amor. Ella le corresponde y le propone vivir en un plácido valle de la Arcadia.
EPÍLOGO
La muerte de Faust. Faust en su Gabinete, viejo y fatigado, como al principio. El anciano medita y relee el Evangelio. Está angustiado y se arrepiente de las aventuras que le ha brindado el pacto con Mefistofele: las historias reales que ha vivido le han ocasionado dolor, mientras que las ideales sólo han sido soñadas. Un resplandor celestial parece reclamar la atención del condenado anciano. Mefistofele, al ver que su víctima se muestra más próxima a Dios que a él, trata de tentarlo de nuevo. Pero es inútil. Faust se aferra al Evangelio y pide clemencia al Señor. Ha comprendido el significado del amor a Dios, y es redimido por el Cielo, al igual que Margherita.