
Melodramma giocoso en dos actos
Libreto de Felice Romani, basado en el libreto de Eugène Scribe para Le philtre de Daniel-François-Esprit Auber
Estreno: Milán, Teatro de la Cannobiana, 12 mayo 1832
| Dirección musical Omer Meir Wellber Dirección de escena Damiano Michieletto Escenografía Paolo Fantin Vestuario Silvia Aymonino Iluminación Alessandro Carletti |
Adina Aleksandra Kurzak Rocío Ignacio * Nemorino Ramón Vargas Belcore Fabio Capitanucci Dulcamara Erwin Schrott Giannetta Ilona Mataradze |
Orquestra de la Comunitat Valenciana
Cor de la Generalitat Valenciana
Francesc Perales, director
Nueva Producción:
Palau de les Arts Reina Sofía
Teatro Real
Acto I
Nemorino ama profundamente a Adina, aunque aún no se ha atrevido a confesárselo. El joven observa con ternura a la hermosa muchacha, que lee en voz alta ante sus amigos el relato de la reina Isolda, "la cual se enamoró perdidamente de Tristán tras ingerir un filtro suministrado por éste". Nemorino, fascinado por la historia, piensa que él podría lograr el mismo efecto con Adina si consiguiese ese "elixir de tan perfecta y extraordinaria calidad".
La llegada del sargento Belcore interrumpe la escena. El militar, que alardea de forma grotesca de su profesión y de su hombría, propone matrimonio a Adina. La astuta joven le contesta que se lo pensará. Nemorino, que ha presenciado el encuentro, aprovecha, cuando se queda a solas con Adina, para declararle su amor. Pero ésta le da calabazas. Aunque en el fondo ella está enamorada de él, quiere hacerse de rogar, por lo que se muestra indiferente y aconseja al muchacho que conquiste a otras chicas para que se le pase la locura del enamoramiento.
La aparición del charlatán Dulcamara acapara la atención de la multitud. En su vehículo trae todo tipo de "productos milagrosos" que afirma vender a precio de ganga. El ingenuo Nemorino se acerca muy interesado y le pregunta si tiene el elixir de la reina Isolda para enamorar a la chica que le gusta. Dulcamara, sorprendido, aprovecha la ignorancia del joven y le vende una bebida alcohólica como pócima del amor, que no surtirá efecto -según le explica- hasta pasadas 24 horas, tiempo más que suficiente para que el embaucador se halle lejos del lugar.
Muy ilusionado, Nemorino se toma la bebida a sorbitos, siguiendo las indicaciones de Dulcamara. Sugestionado, pronto comienza a desinhibirse. Cuando llega Adina, se muestra muy alegre y distante, pues está convencido de que al día siguiente, transcurridas las 24 horas, ella le amará. La joven, picada ante la indiferencia del muchacho, anuncia que se casará con el fanfarrón de Belcore dentro de seis días. Nemorino suelta una carcajada al oírlo, lo que enfurece más aún a Adina.
La repentina noticia de que Belcore es requerido para partir al amanecer obliga a Adina a adelantar la boda: será esa misma noche. Nemorino se queda perplejo al oírlo, pues sabe que cuando el elixir surta efecto ya será tarde. Desesperado y dando el espectáculo ante los presentes, suplica a Adina que retrase la boda. Pero ella está dispuesta a hacerle sufrir, y no cede. La muchacha parte con Belcore y deja a Nemorino desolado.
Acto II
Se celebra una fiesta por la boda de Belcore y Adina. Dulcamara ameniza la velada con una barcarola que canta a dúo con Adina. Llega el notario, pero la novia demora la firma del contrato matrimonial, pues quiere que Nemorino esté presente, para verlo sufrir más. Salen todos y Dulcamara se queda a solas. Nemorino vaga por el lugar, apesadumbrado. El charlatán le propone que tome otra dosis de elixir, ya que de esta forma el producto hará efecto antes, sin necesidad de esperar al día siguiente. El problema que se plantea ahora el muchacho es cómo conseguir el dinero para comprarlo. Belcore le propone que se aliste en el ejército. Le explica que en el momento de firmar el contrato de enrolamiento recibirá su primer sueldo. Nemorino firma al instante y parte entusiasmado con el dinero a comprar más brebaje.
Entretanto, las jóvenes del lugar se hacen eco de que un tío de Nemorino ha fallecido y le ha dejado todo su dinero. Aparece el joven con síntomas de embriaguez. Todas las mujeres se desviven por coquetear con él ahora que saben lo de su herencia. El muchacho, que ignora su "afortunado porvenir", atribuye al elixir este interés inusitado de las chicas.
Dulcamara empieza a creer que realmente su pócima es mágica. Adina está estupefacta y triste al ver que Nemorino se deja seducir por todas, y cree que no está enamorado de ella. Trata de hablar con él, pero el joven borrachín sigue divirtiéndose con las muchachas, y sale corriendo tras ellas para ir al baile. Dulcamara relata a Adina todo lo acontecido con el elixir de la reina Isolda. Entonces ella comprende lo mucho que Nemorino ha luchado por conquistar su amor.
Nemorino medita a solas. Convencido del efecto logrado por el filtro de Dulcamara, seguirá haciéndose el indiferente con Adina hasta que ella caiga rendida a sus pies. Cuando aparece Adina, ésta le revela que ha comprado su libertad a Belcore. Nemorino dice que prefiere morir soldado si ella no lo ama. Adina le confirma que está enamorada de él. Nemorino se emociona al oír sus palabras.
A Belcore no parece importarle demasiado que su rival se quede finalmente con la chica. Dulcamara anuncia que Nemorino ha heredado una gran fortuna, lo que vende ante todos como un nuevo prodigio de su elixir. El embaucador se despide rodeado del calor popular mientras todos le suplican que vuelva pronto.









