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La Cenerentola

Imagen La Cenerentola
Gioachino Rossini
22, 25, 27, 30 noviembre 2011
2, 27, 30 diciembre 2011
4 enero 2012
Sala Principal
Duración aproximada: 3 h 25 min
Venta de entradas

Dramma giocoso en dos actos · Música de Gioachino Rossini · Libreto de Jacopo Ferretti, basado en el cuento Cendrillon de Charles Perrault y en los libretos de Charles-Guillaume Etienne y Francesco Fiorini · Estreno: Roma, 25 enero 1817, Teatro Valle

Dirección musical
Michele Mariotti

Dirección de escena
Luca Ronconi  

Escenografía
Margherita Palli 

Vestuario
Carlo Maria Diappi 

Illuminación
Guido Levi  


Don Ramiro
Dmitri Korchak

Dandini
Mario Cassi

Don Magnifico
Paolo Bordogna (22, 25, 27, 30 / XI; 2 / XII)
Valeriano Lanchas (27, 30 / XII; 4 / I)

Clorinda
María José Moreno

Tisbe
Cristina Faus

Angelina (Cenerentola)
Serena Malfi

Alidoro
Simon Lim

 

 

Orquestra de la Comunitat Valenciana

Cor de la Generalitat Valenciana

Producción
Rossini Opera Festival, Pesaro

22, 25, 27, 30 noviembre 2011
2, 27, 30 diciembre 2011
4 enero 2012

Las funciones comienzan a las 20.00 h. Domingos y festivos, a las 19.00 h 

Sala Principal

 

 

S I N O P S I S    A R G U M E N T A L


ACTO I

Cuadro I
El príncipe Don Ramiro desea casarse por amor. Dispuesto a encontrar una joven que sea digna de él, organiza un baile en el que elegirá a su futura esposa entre las asistentes. Alidoro, filósofo y tutor del príncipe, acude a la mansión del barón Don Magnifico disfrazado de pordiosero. Pretende colarse en el hogar y averiguar si alguna de sus hijas encaja en el perfil de muchacha bondadosa y virtuosa que él quiere para Don Ramiro. Llama a la puerta y pide limosna. El panorama que se encuentra es que Clorinda y Tisbe, hijas de Don Magnifico, son unas auténticas holgazanas que pasan el día mirándose al espejo y engalanándose para cazar a un hombre rico, mientras que Angelina, hijastra del barón y llamada también Cenerentola (Cenicienta), trabaja sin descanso para su familia como si fuera una criada. Ella es la única que se digna ofrecerle café y pan.

Una comitiva real llega para invitar a la familia al baile. Emocionadas ante la posibilidad de conocer al príncipe y poder seducirlo, Tisbe y Clorinda forman tal revuelo que despiertan a Don Magnifico de su profundo sueño para contarle la noticia. Éste, deseoso de emparentar con la realeza, pide a sus hijas que se vistan con sus mejores galas y muestren todos sus encantos.

Oculto entre la comitiva se halla el príncipe, que disfrazado de sirviente observa el comportamiento de las hijas del barón. No ve ni en Tisbe ni en Clorinda a la honesta mujer que había mencionado su tutor Alidoro... hasta que de repente se encuentra con Cenerentola. Al instante surge el flechazo entre ambos. Don Magnifico, Tisbe y Clorinda reclaman a "su criada" con insistencia para que les ayude a acicalarse para el baile.

Dandini, camarero de Don Ramiro que se hace pasar por el príncipe, se presenta en la mansión del barón para conocer personalmente a sus hijas. Don Ramiro, desde su posición de sirviente, examina el comportamiento de todos. Se sorprende con la vulgaridad de Don magnifico y queda indignado por el maltrato y la humillación que sufre Cenerentola. Ella quiere ir al baile, pero el barón niega que sea hija suya, a pesar de que Alidoro revela que en el libro de "registro de mujeres casaderas" que él trae constan tres hijas.

El barón, que tapa la boca a Cenerentola y la amenaza para que no hable, cuenta que aquella hija murió y la muchacha que ven es simplemente su criada. La situación parece darse por zanjada y todos parten con Dandini, salvo Cenerentola. Alidoro la consuela y la invita al baile. Una carroza vendrá a recogerla y se le proporcionará todo cuanto necesite para que acuda elegantemente vestida, como una princesa, si bien deberá ocultar su identidad.

Cuadro II
Palacio de Don Ramiro. Dandini, que sigue haciendo las veces de príncipe, recibe a los invitados. Tisbe y Clorinda coquetean con él compitiendo entre ellas, cada cual más grotesca. Mientras, Don Magnifico es agasajado con una extravagante ceremonia en la que se le nombra bodeguero real, tras mostrar sus amplios conocimientos sobre el vino.

Dandini, abrumado por las muchachas, comenta que sólo podrá elegir a una de las dos, y que la otra podrá casarse con su amigo Ramiro, su sirviente. Pero ni Tisbe ni Clorinda están dispuestas a acabar sus días con un vulgar criado. Alidoro anuncia la entrada de una dama que asiste de incógnito con un velo. Cuando descubre su rostro, Don Magnífico y sus hijas no tardan en advertir cierto parecido con Cenerentola. Dandini avisa que la cena está servida y que tras el baile elegirá esposa.


ACTO II

Cuadro I
Palacio de Don Ramiro. La misteriosa dama ha cautivado a todos durante la cena, incluido a Don Ramiro, que está prendado de ella. También él tiene la impresión de que ya la conoce. El barón comienza a inquietarse porque ve en la joven una rival para sus hijas. Pero Clorinda y Tisbe aseguran a su padre que la partida está ganada: el príncipe las adora a ambas y, además, es imposible que la zarrapastrosa Cenerentola se haya convertido en esa elegante dama.

Dandini intenta cortejar a Cenerentola. Ella lo rechaza con elegancia, y le confiesa que de quien está enamorado es de su sirviente. Don Ramiro, que se halla próximo y está pendiente de la conversación, se emociona al oírlo y se acerca a ella. Le impresiona que la joven se guíe por amor hacia él y no por el lujo y la riqueza. Cenerentola tiene que partir. Antes de hacerlo le deja un brazalete que es gemelo del otro que lleva en el brazo derecho. Él deberá encontrarla y, si entonces, viéndola entre harapos y manchas de ceniza de la chimenea, aún la quiere, será suya.

Don Ramiro ordena a Dandini que deje ya de hacer de príncipe y despida a todos los invitados. Don Magnifico está intrigado por conocer el resultado de la elección del príncipe. Dandini le confiesa que la decisión ya está tomada y pronto se sabrá. Antes debe contarle un secreto sólo a él y a sus hijas: él en verdad no es el príncipe, sino un simple sirviente, por lo que la elegida, Tisbe o Clorinda, deberá vivir en la pobreza cuando se case con él. Esto cae como un mazazo a Don Magnifico, quien se enfurece al verse víctima de semejante broma. Pedirá explicaciones al verdadero príncipe.

Cuadro II
Residencia de Don Magnifico. Cenerentola está junto al fuego, con su vestimenta habitual. Su padrastro regresa del baile furioso e indignado, seguido por Clorinda y Tisbe. Después del chasco que se han llevado, a las muchachas al menos les queda el consuelo de ver que Cenerentola no es la dama de incógnito de la fiesta, a pesar del parecido.

Fuera de la casa, en mitad de la tormenta, vuelca una carroza. Llaman a la puerta para pedir ayuda. Son Dandini y Don Ramiro. El barón se deshace en atenciones con Don Ramiro. Pide a Cenerentola que le traiga un sillón al príncipe. Cuando ella ofrece el asiento a Dandini, Don Magnifico le hace ver que el príncipe es el otro, el que ella considera un sirviente. La muchacha se ruboriza. Don Ramiro, que observa el brazalete que Cenerentola lleva en el brazo, estalla de alegría al comprobar que ella es la joven que tan precipitadamente abandonó el baile. Confusión generalizada. Todos están estupefactos, especialmente Clorinda, Tisbe y Don Magnífico, que no dan crédito a que una pordiosera haya conseguido enamorar al príncipe.

Don Ramiro pide a Cenerentola que se case con él y advierte a Don Magnifico que será castigado por haber maltratado a la joven. Ella, a pesar de todo, implora al príncipe perdón para su familia, pero sus hermanas la rechazan cuando intenta abrazarlas. Don Ramiro y Cenerentola se marchan.

Clorinda y Tisbe están furiosas. Sienten que han sido el centro de la burla más cruel. Alidoro se presenta en casa de Don Magnifico para reprochar a las "hermanísimas" de Cenerentola que no fueran caritativas con él cuando vino a pedir limosna. Además, acusa al barón de dilapidar toda la dote de Cenerentola. La familia se ve obligada a elegir entre vivir en la miseria o arrodillarse ante la futura esposa del príncipe. Tisbe y Clorinda afrontan su destino y deciden implorar el perdón de Cenerentola, con tal de seguir zanganeando. Alidoro, por su parte, se muestra victorioso de que el orgullo haya sido castigado y triunfe la bondad.

Cuadro III
Se celebra la boda de Don Ramiro y Cenerentola. Don Magnifico, aún confuso y con la mirada perdida, asiste al enlace. Clorinda y Tisbe llegan muy afligidas. Ambas se postran arrepentidas ante Cenerentola, quien las abraza con sinceridad y las perdona.

 

 

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