
Ópera en siete escenas · Música de Modest Músorgski · Libreto del compositor, basado en el drama homónimo de Alexánder Pushkin y la Historia del imperio ruso de Nicolái Karamzin · Versión de 1869, estrenada en San Petersburgo, 16 febrero 1928
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Dirección musical |
Borís Godunov Pimen Vasili Shúyski Misaíl El demente Andréi Schelkálov Posadera Xenia Mitiuja Mikítich Boyardo valido Jruschov
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Orquestra de la Comunitat Valenciana
Cor de la Generalitat Valenciana
Francesc Perales, director
Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats
Luis Garrido, director
Pequeños Cantores de Valencia
Carmina Moreno, directora
Nueva producción
Palau de les Arts Reina Sofía
Teatro Regio di Torino
Fondazione Lirico Sinfonica Petruzzelli e Teatri di Bari
5, 8, 11, 16, 20, 23 noviembre 2011
Las funciones comienzan a las 20.00 h. Domingos y festivos, a las 19.00 h
Sala Principal
ANTECEDENTES HISTÓRICOS
Tras la muerte del zar Iván IV el Terrible en 1584, Rusia se sumerge en uno de los periodos más convulsos de su historia. A las frecuentes y sangrientas luchas por el poder político se suman revueltas populares, epidemias y malas cosechas. Hereda el trono de Iván IV su hijo mayor, Fiódor, un joven débil y enfermizo. El boyardo Borís Godunov, anteriormente brazo derecho de Iván el Terrible y, además, cuñado de Fiódor, asume el poder en la sombra ante la incapacidad del nuevo zar para gobernar. El zarévich Dimitri, el hijo pequeño de Iván IV, es apartado a Úglich, lejos del entorno de su hermano el zar Fiódor. En 1591 aparece asesinado en extrañas circunstancias. La leyenda popular pronto atribuye la autoría del crimen al poderoso Borís Godunov. En 1598, al fallecer Fiódor I sin descendencia, Borís Godunov es elegido zar de Rusia.
PRIMERA PARTE
Escena I. Exterior del monasterio de Novodévichi
La multitud, confusa, se aglutina en las inmediaciones del monasterio de Novodévichi, donde se hallan en retiro espiritual Borís Godunov y su hermana Irina, viuda del recién fallecido zar Fiódor I. El alguacil Mikítich amenaza con su látigo a la turba tratando de poner orden. Llega Schelkálov, secretario de la Duma, quien anuncia que Borís Godunov se muestra reacio a ocupar el trono a pesar de las súplicas del Patriarca y de los boyardos. Un grupo de peregrinos lisiados se aproxima al monasterio y reparte iconos religiosos para animar a la gente a acudir en procesión al encuentro de Borís Godunov. El alguacil acompaña a los peregrinos al interior del convento. Cuando regresa, dispersa a la multitud ordenando que acuda al día siguiente al Kremlin.
Escena II. Gran plaza en el Kremlin de Moscú
El pueblo, arrodillado en el espacioso lugar que delimitan las catedrales de la Asunción y la del Arcángel, aguarda expectante la coronación de Borís Godunov. Se inicia una solemne procesión en la que participan boyardos y la guardia del zar, así como el príncipe Shúyski, que porta la corona, y Schelkálov, quien lleva el cetro real. Tras el impresionante repicar de las campanas aparece Borís Godunov con sus hijos pequeños Xenia y Fiódor. El flamante zar pide a Dios la bendición para su reinado e invita a todos a participar en la celebración. La multitud aclama a Borís Godunov como zar de todas las Rusias.
Escena III. Celda en el monasterio de Chúdov
El anciano monje Pimen escribe un relato a la luz de un candil mientras el joven novicio Grigori duerme. Está a punto de concluir una crónica en la que relata importantes acontecimientos vividos a lo largo de su dilatada y aventurera vida. Amanece. Grigori se despierta y cuenta a Pimen la pesadilla que ha tenido: se encontraba en lo alto de una torre desde la que se divisaba todo Moscú. La gente concentrada en la plaza le señalaba y él sentía vergüenza, hasta que al caer al vacío se despertó. El monje resta importancia a la pesadilla, pero recomienda al muchacho que purgue con la oración las ansias de ambición y vida placentera, pues incluso los más poderosos han acabado recapacitando al final de sus vidas sobre sus excesos.
Concretamente, Pimen recuerda cómo en otro tiempo vio al mismísimo zar Iván en el monasterio sumido en sus pensamientos, en un gesto de humildad y arrepentimiento; y cómo los siguientes años en que reinó su hijo Fiódor I, un devoto del Señor, el país vivió en paz y armonía. Ahora, sin embargo, el anciano lamenta que bajo el mandato del nuevo zar Borís Godunov todo son desdichas, que atribuye a un castigo divino al pueblo ruso por haber aupado al poder a un "asesino".
Muy atento al relato, Grigori pregunta qué pasó con el otro hijo de Iván, el zarévich Dimitri. Pimen, horrorizado, rememora el brutal asesinato del infante en Úglich cometido por unos desalmados que a las puertas de la muerte susurraron el nombre de Borís. De no haber sido asesinado, Dimitri sería en la actualidad el zar de Rusia y tendría la misma edad que Grigori. El ermitaño, fatigado, se retira a descansar, no sin antes pedir a Grigori que recoja su testigo y continúe él con su labor de cronista.
Escena IV. Posada en la frontera con Lituania
Los monjes Varlaam y Misaíl piden a la posadera que les sirva vino. En una mesa próxima se halla Grigori, absorto en sus pensamientos. Acaba de huir del monasterio y se dirige, ataviado con indumentaria de campesino, hacia la vecina Lituania. La ambición de poder ha hecho mella en él tras conocer por boca de Pimen la historia del zarévich asesinado que hoy tendría su edad. Varlaam y Misaíl, al ver solo al joven, lo invitan a unirse a beber con ellos. Ambos se jactan de haber abandonado el monasterio y dedicarse ahora a la buena vida, "con tal de que haya vino para beber". Varlaam, embriagado por el alcohol, entona una canción que evoca cómo Iván el Terrible acabó sin piedad con los tártaros en la ciudad de Kazán.
Los dos borrachos caen encima de la mesa vencidos por el cansancio y el alcohol. Grigori pregunta a la posadera cómo llegar hasta Lituania. Ésta le advierte que es complicado atravesar la frontera porque hay controles, debido a que se ha escapado un hereje de Moscú y el zar ha ordenado su captura. No obstante, indica al muchacho un camino alternativo libre de vigilancia.
Llega un alguacil, que asusta con su interrogatorio a Varlaam y a Misaíl. Éstos confiesan que tan sólo son dos pobres padres que viajan pidiendo limosna, y que Grigori les acompaña. El alguacil, que desconfía de Varlaam, muestra el edicto en el que se detalla la descripción del hereje huido de Moscú, un tal Grishka Otrépiev (Grigori), y pregunta quién sabe leer.
Grigori se ofrece voluntario para dar lectura en voz alta al documento, aunque astutamente cambia la descripción -en realidad los detalles que se exponen coinciden con su aspecto físico y edad- por otra que evidencia que el hombre buscado es Varlaam. Entonces, el alguacil se abalanza súbitamente sobre Varlaam para detenerlo. Éste, indignado, sustrae el edicto a Grigori y lo lee silábicamente en voz alta, con lo que desvela que el hereje buscado es Grigori. El joven salta por la ventana y huye precipitadamente.
SEGUNDA PARTE
Escena V. Lujosos aposentos del zar en el Kremlin
Xenia, hija de Borís Godunov, lamenta la muerte de su prometido el príncipe de Dinamarca. Su hermano Fiódor examina detenidamente las ciudades y ríos en un mapa de las propiedades del imperio del zar. Entra Borís Godunov, un tanto apesadumbrado. Consuela a la desafortunada Xenia y anima a su hijo a seguir estudiando para que llegue a ser un buen gobernante cuando herede el trono. El zar se sienta ante una mesa llena de documentos y pergaminos y reflexiona sobre los cinco años de reinado transcurridos. A pesar del poder que ostenta, de ser aclamado por el pueblo y de tener una familia, su alma atormentada no le deja ser feliz. Cree que las conspiraciones de los boyardos, las epidemias y los males que acechan a su reino son un castigo divino.
Llega el príncipe Vasili Shúyski, quien informa al zar de la aparición de un impostor en Lituania que dice ser Dimitri, el zarévich asesinado, al que apoyan el rey y los nobles. Borís ordena que se pongan barreras en toda la frontera con Lituania. La noticia le ha estremecido tanto que pregunta a Shúyski -que fue quien investigó años atrás el crimen del zarévich- si es posible que el niño Dimitri escapase de aquel horror como recoge la leyenda popular. Vasili trata de tranquilizar al zar y le comenta que él mismo vio el cuerpo del infante el día de su entierro. Pero la angustia y el pánico se apoderan de Borís. Comienza a faltarle el aire y los remordimientos le consumen. Ya a solas y fuera de sí, suplica al Señor que tenga piedad de "su alma asesina".
Escena VI. Plaza delante de la catedral de San Basilio, en Moscú
La multitud, de aspecto miserable, vaga por las calles. La gente se pregunta si ya ha terminado el culto en la catedral. El campesino Mitiuja anuncia que han excomulgado a Grishka Otrépiev (Grigori, el falso Dimitri) y que además se ha celebrado una misa por el alma del zarévich. Poco importan al pueblo las maniobras de Borís y sus boyardos fieles para desacreditar al joven Grigori, pues ven en el valeroso muchacho al zarévich que creían muerto, a Dimitri Ivánovich, el hijo de Iván el Terrible. El impostor, que ya ha conseguido llegar con sus tropas hasta Kromy, prepara una ofensiva para derrocar a Borís y hacerse con el trono.
Un demente que vaga por el lugar se lamenta de la miseria que impera en el país. Los niños se burlan de él y le quitan la moneda que lleva. Sale de la catedral una procesión real. Tras ella, Borís Godunov. El pueblo suplica limosnas a los boyardos con desesperación. El demente pide al zar que mande apuñalar a los gamberros que le han robado, "igual que hizo con el zarévich". Al oír las palabras del inocente, Shúyski intenta prenderlo, pero Borís se lo impide y, tras pedir al muchacho que rece por él, se marcha.
Escena VII. Un claro en el bosque cerca de Kromy
Es de noche. Una multitud de vagabundos se burla del boyardo Jruschov, a quien retienen maniatado. Varlaam y Misaíl llegan al lugar y se unen al grupo. Desde el interior del bosque se aproxima un grupo de jinetes que escolta al impostor Grigori. Todos le aclaman como el zarévich Dimitri Ivánovich. Éste, les pide que se unan a él para luchar contra Borís Godunov; incluso consigue que Jruschov acepte formar parte de su ejército. Parten todos a conquistar el Kremlin, excepto el demente, quien a solas lamenta el oscuro futuro que se cierne sobre Rusia
Escena VIII. Palacio Granovíty en el Kremlin de Moscú
Se celebra un consejo extraordinario de la Duma boyarda. Schelkálov informa de que el impostor ha usurpado el nombre del zarévich Dimitri y avanza hacia Moscú apoyado por hambrientos, boyardos desterrados y el pueblo lituano. Los boyardos comienzan a debatir cómo combatir al enemigo y definir su apoyo al zar. Irrumpe Shúyski, quien es acusado por el Consejo de instigar al pueblo contra el zar con la rumorología de que el zarévich sigue vivo. Él, visiblemente afectado, lo desmiente y manifiesta su gran preocupación por la salud mental y física de Borís Godunov. De repente, el zar entra en la estancia con la mirada perdida, tembloroso y murmurando palabras a un espectro del zarévich asesinado, tratando inútilmente de ahuyentarlo. Los boyardos están consternados. El zar parece volver en sí. Ordena llamar a su heredero y pide a los presentes su apoyo.
Un misterioso anciano que dice tener algo importante que revelar al zar pide ser recibido. Se trata de Pimen, quien relata a Borís Godunov un milagro: un pastor ciego tuvo un sueño en el que se le apareció el zarévich Dimitri para revelarle que el Cielo le había convertido en Ángel protector de Rusia. Unos días después el pastor marchó en peregrinación a rezar a la tumba de Dimitri en Úglich y recuperó completamente la vista. Estremecido por las sinceras palabras del monje, Borís se lleva la mano al corazón. Siente que se ahoga. Tras pasar el testigo de su reinado a su hijo Fiódor, muere mientras implora el perdón divino.







