
| Dirección musical Zubin Mehta Dirección de escena, escenografía y vestuario Pier'Alli Iluminación Guido Levi |
Leonore |
ACTO I
La acción transcurre en el siglo XVII en una prisión estatal cercana a Sevilla. Marzelline, hija del carcelero mayor, Rocco, plancha mientras Jaquino, ayudante del carcelero, le declara el amor que siente por ella. La joven, que en otro tiempo estaba enamorada de él, lo está ahora de Fidelio, el nuevo ayudante de su padre.
Llega Rocco y, posteriormente, Fidelio cargado de provisiones. Marzelline se conmueve al verlo. Su padre, testigo del enamoramiento de la muchacha, está feliz y dispuesto a casarla en cuanto el gobernador de la prisión, Don Pizarro, le dé permiso. Rocco alaba la honradez y eficacia de Fidelio, a pesar de desconocer el origen y posición económica de éste, y lo considera un buen marido para su hija. Fidelio en realidad es Leonore, una noble dama de Sevilla que se ha introducido en la prisión disfrazada de hombre con el propósito de encontrar a su esposo Florestan, desaparecido hace más de dos años.
Rocco, que se dispone a bajar a los calabozos de la cárcel, menciona la existencia de un prisionero al que restan pocos días de vida debido a que se le ha ido reduciendo su ración diaria de pan y agua por orden del gobernador. Fidelio, al sospechar que el preso moribundo pudiera ser Florestan, se presta voluntariamente a acompañar a Rocco para ayudarle en su tarea. El carcelero se muestra conforme, pero antes ha de pedir autorización al gobernador.
Rocco se reúne con Don Pizarro y le entrega varios despachos. En uno de ellos se le informa de que el ministro Don Fernando realizará ese mismo día una inspección sorpresa a la cárcel, tras tener conocimiento de ciertas irregularidades en la misma. El gobernador, preocupado por que el ministro descubra que Florestan, a quien dan por muerto, se halla en sus mazmorras, se apresura a hacerlo desaparecer. Ordena a Rocco que lo mate y lo entierre en una fosa. El carcelero se niega a ejecutarlo, pues ése no es su trabajo. Tan sólo cavará la tumba y, una vez que termine el trabajo, avisará a Don Pizarro para que él mismo dé muerte al prisionero.
Leonore (Fidelio), enterada de las intenciones del perverso gobernador, traza un plan para salvar a su marido. Cuando regresa Rocco, le propone que deje salir a los prisioneros con penas leves a dar un paseo por el jardín de la cárcel. El carcelero teme la ira del gobernador si éste se entera, pero como era una promesa realizada a Fidelio hace tiempo, decide complacerle. Mientras Jaquino y Fidelio sacan a los prisioneros al patio, Rocco acude a ver a Don Pizarro para distraerlo y, al mismo tiempo, pedirle su consentimiento para casar a Marzelline, así como una autorización para que Fidelio pueda acompañarle a los calabozos. El gobernador accede a sus peticiones.
Rocco cuenta a Fidelio (Leonore) que ya tiene permiso para bajar con él al sótano, y le detalla el siniestro encargo de Don Pizarro. Fidelio se horroriza con la idea de tener que cavar la tumba de su esposo. Sin embargo, ésta será la única oportunidad que tendrá para encontrar su paradero y liberarlo.
Don Pizarro, informado del paseo de presos por el patio de la cárcel sin su permiso, descarga su ira contra Rocco. El carcelero se excusa y argumenta que los ha dejado salir con motivo de la onomástica del rey. Los reclusos regresan obligados a sus celdas y Don Pizarro ordena a Rocco que se apresure en el asunto del prisionero Florestan.
ACTO II
CUADRO I
Sótano de la prisión. En una de las celdas más desoladas Florestan medita sobre su triste y desafortunado destino, y cree ver en sueños a su esposa Leonore liberándole de las pesadas cadenas. Rocco y Fidelio bajan hasta las entrañas más profundas de la cárcel para cavar la fosa tal y como les ha ordenado Don Pizarro.
Comienzan a realizar el trabajo, pero el movimiento de Florestan en su celda atrae inevitablemente la curiosidad de Fidelio, quien reconoce enseguida la voz de su marido. El prisionero, casi sin aliento, pide agua, y ella le da un poco de vino y un trozo de pan, con el consentimiento de Rocco. Excavada la fosa, llega Don Pizarro para dar muerte al prisionero. En ese momento, Fidelio descubre su verdadera identidad como Leonore y esposa de Florestan, y saca la pistola que llevaba oculta para frustrar la ejecución. El gobernador pretende ahora asesinarlos, pero de repente se oye una trompeta que anuncia la llegada del ministro. Alertado, Don Pizarro, huye precipitadamente. Leonore y Florestan se abrazan con pasión.
CUADRO II
Patio de la prisión. El pueblo y los prisioneros se concentran ante las puertas para recibir al ministro Don Fernando, que ha decretado la libertad de todos los presos. Mezclados con la muchedumbre aparecen Florestan y Leonore, acompañados por Rocco, quien denuncia ante el ministro el atroz e injusto presidio del que ha sido víctima Florestan. Don Fernando reconoce enseguida al amigo que creía muerto hace tiempo. Rocco explica las vicisitudes por las que ha tenido que pasar Leonore para salvar a su marido. El ministro, indignado, ordena que Don Pizarro sea castigado. Leonore libera a su esposo de las cadenas ante la multitud, que alaba su heroísmo.








